ANTI TURISTAS

CAUTIVO Y DESARMADO PABLO ÁLVAREZ

Vuestro viaje de lujo, nuestra miseria», dice la pintada. Es una de las que he visto; hay cientos, repartidas sobre todo por Barcelona, últimamente también en San Sebastián. Ya saben, pintadas de odio al turista, así, en general. Cosa bien tonta per se: a no ser que uno se quede encerradito en su barrio siempre (cosa que explicaría en realidad mucha de la tontería que arrastra la gente de la CUP, o los post-etarras de Bildu) más tarde o más temprano será turista.

En fin, veamos: como resulta que el mundo avanza, la gente del común hemos ganado en los últimos decenios la libertad y la posibilidad de ir a ver sitios. Eso implica, en muchos casos, que algunos de esos sitios acaben repletos. Como la misma Barcelona, por mucho que sea (a mi humilde entender) una de las capitales más sosas de Europa. Eso de ir a un lado u otro es un derecho, recordemos. Si yo quiero ir a un sitio, y me lo puedo permitir, y me comporto como una persona civilizada, ningún apóstol del altermundismo tiene que venir a decirme que no puedo.

Pero es que, además, en toda esa tontá del 'odio al turismo' se le ven las orejas a una absurda ideología que propugna que todo lo que pasaba antes era mejor. Que antes, por ejemplo, el casco antiguo de Barcelona era una maravilla, lugar de convivencia y paz, y que de pronto ha venido AirBnB a joderlo.

Mentira, claro, pero qué vamos a decirles a unos tíos que van rajando ruedas de bicis como arma política. Ellos bastante tienen con ese edenismo pijo de huertas de barrio y homeopatía: ningún contacto con la realidad y mucho Twitter. Y con eso, suficiente. Ay.

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