40 años después

ENRIQUE PRADAS MARTÍNEZ

Como este año se conmemora el 40 aniversario de la Constitución, cabe esperar una avalancha de referencias públicas sobre la España de aquellos años, años que comúnmente conocemos como de la Transición. Y como siempre, habrá que distinguir entre el relato histórico y el juicio que hoy nos merezcan la actuación de unos y otros.

Franco gana la Guerra Civil (1936-1939). En 1944, tras el desembarco aliado de Normandía, el PCE, principalísima fuerza antifranquista, organiza la entrada desde Francia de guerrilleros por el Valle de Arán que haga posible un levantamiento popular en España. La operación es repelida en escasos días. Los aliados en la Segunda Guerra Mundial, las democracias que han vencido al fascismo en Europa, 1945, sabedoras del peso del PCE, temen más al comunismo que a Franco. Fracasadas las iniciativas para derribar al dictador, el PCE lanza en 1956 una propuesta «por la reconciliación nacional, por una solución democrática y pacífica del problema español», cuyo objetivo era propiciar la unión efectiva de todos los opositores (antifranquistas), incluyendo a monárquicos y católicos. Desde esa temprana fecha de 1956, se multiplican las conversaciones entre fuerzas y personalidades opuestas al régimen. En 1959, el PCE impulsa una 'huelga política' que apenas tiene repercusión. Tampoco la tuvo la de 1962. Son los años del milagro español y la industrialización. España es la nopotencia mundial. Se ensancha la franja de la denominada clase media. Todos, casi todos, tienen planes (democráticos) para cuando Franco muera, cosa que sucede en 1975. En 1976, sin que se hubiera producido la legalización de partidos de izquierdas, las Cortes (franquistas) aprueban la Ley de Reforma Política propuesta por Suárez. En 1977 se legalizan, entre otros, el PSOE y el PCE. En junio de ese año se celebran elecciones (democráticas), y se constituye en el Congreso una ponencia con representantes de todas las fuerzas políticas que redacta la Constitución, aprobada mayoritariamente en referéndum el 6 de diciembre de 1978 con el apoyo de los partidos de izquierdas. Los redactores se fijaron en distintas constituciones europeas, de manera que la Constitución que se redactó era homologable con la de cualquier otro país democrático. Y sin embargo, y pese a las amnistías, ETA siguió asesinando, como quien dice, hasta anteayer (2009 en España y 2010 en Francia).

Hoy sabemos que la militancia y el activismo antifranquista, aunque influyente, no era ni tan numerosa ni tan fuerte como podría parecer. Aquellas izquierdas dieron -dimos- apoyo a la Constitución porque ésta no suponía ningún obstáculo insalvable para materializar los derechos sociales que se demandaron entonces, y dependería del peso político y social que en lo sucesivo se alcanzara. No descubro la pólvora mojada. ¿Y por qué se aceptó la monarquía? Se aceptó porque se entendió por muchos, especialmente por el PCE, que el Rey era un freno para la involución. Así de sencillo.

Hoy, pasados 40 años, las izquierdas deberían reflexionar sobre las reformas constitucionales que persiguen. Una parte de las izquierdas, caso de Podemos e IU, reclaman un proceso constituyente encaminado a la implantación de una república federal que disuelva lo que ellos llaman (despectivamente) Régimen del 78 y, de paso, disolver la nación española. Pero deberían tomar buena nota de lo sucedido recientemente en Cataluña y sopesar las razones por las cuales han perdido votos a mansalva en sus ciudades y en sus barrios obreros. Y eso no es culpa del capital ni de Franco ni del Régimen del 78. La mayoría de españoles se resiste a dejarse arrastrar a perniciosos y ridículos debates identitarios. Es más, incluso son mayoría quienes advierten que el Rey, en tanto que jefe del Estado, es baluarte efectivo frente al desafío secesionista. La gente -hoy por hoy- es más juiciosa de lo que a Sánchez, a Iglesias y a Garzón les parece. Ellos verán.

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