Hace 35 años... el cambio

En nuestro pasado reciente, y en la generación que lideró aquel Gobierno en 1982, tenemos muchas referencias de las que no solo aprender sino, además, enorgullecernos

CÉSAR LUENA. - DIPUTADO DEL PSOE Y DOCTOR EN HISTORIA

Tuñón de Lara, al estudiar la problemática de la historiográfica española en 1973, nos dejaba una reflexión medular en torno a lo que llamará «problemas de articulación de un tema concreto con la globalidad histórica en que está inserto», con la que trataba de ofrecer una propuesta de límites en nuestra historia contemporánea. Acabaría fijando el inicio en 1868 y la 'fecha-gozne' en el trienio 1917-1920. Hoy en día, y a la espera de conocer la importantísima aportación que Santos Juliá ha efectuado con su , no erramos si ubicamos 1982 como año tope de otra fecha-gozne, la de 1977-1982, que daba por concluida, con éxito, la Transición. Comenzaba el cambio.

El pasado 28 de octubre se cumplieron 35 años desde que el PSOE ganó por primera vez las elecciones legislativas en España. Y como en la actualidad se 'enreda' tanto en el mundo de los conceptos con el objetivo de mutar los significados, propio del adanismo imperante en algunas tendencias y formaciones políticas, me he animado a contribuir a través de estas líneas al debate público sobre el significante cambio, con el significado que 35 años de historia le confieren.

El cambio fue, sobre todo, la asunción, bajo una mezcla necesaria y en adecuadas dosis de ambición y pragmatismo, por parte de un partido y de sus dirigentes, de la responsabilidad para que la evolución y continuidad del país en un sentido democrático y socialmente justo se hiciese real y con solidez. Santos Juliá lo expresó de la siguiente manera: «Los socialistas no están fuera de la sociedad y, por tanto, no sienten ninguna revolución en el horizonte y no tienen necesidad alguna de dividir en dos los tiempos de la historia. Han desaparecido, pues, los fundamentos de la dualidad entre el discurso ideológico y la práctica política. Para un socialista actual, la única práctica posible es la de la acumulación de reformas y el único tiempo real es aquel que por medio del uso del poder se procede a la racionalización y modernización del Estado y de la sociedad».

Desde esa posición racionalista y modernizadora, se entiende mejor todavía la enorme profundidad de las grandes contribuciones que se abrían paso hoy hace 35 años: la consolidación de la democracia como sistema de gobierno y de valores, como gustaba decir al profesor López Aranguren; la construcción de un sistema público de políticas sociales a la manera europea con sanidad universal, educación pública y gratuita, ayudas y becas al estudio o inversión en pensiones mínimas y no contributivas; el desarrollo de las garantías públicas y derechos individuales (las libertades) o nuestra incorporación a una comunidad de valores, derechos e intereses comunes como Europa. Y el desarrollo del Estado de las Autonomías, por supuesto.

El paso del tiempo, estos 35 años que contemplan ya la formación en aquel diciembre de 1982 del primer gobierno monocolor de un partido de izquierdas en nuestro país, debe servirnos para extraer algunas reflexiones más allá de este hecho, más aún hoy con las numerosas crisis que nos acucian y ante la extrema gravedad de la problemática catalana, el desafío más importante al que se ha enfrentado hasta hoy la España democrática.

Primera. Que en nuestro pasado reciente, y en la generación que lo lideró, tenemos muchas referencias de las que no solo aprender, sino además, en la mayoría de los casos, enorgullecernos. Sí, orgullosos de nuestra historia reciente. Y también, cómo no, encontramos muchas advertencias en forma de errores, que debemos convertir en estímulos para mejorar. No todo se hizo bien, pero el saldo es, en mucho, positivo.

Segunda. Que la contribución del PSOE desde su fundación a la modernidad y racionalización de España merece una atención específica. Con sus luces y sombras, como suele decirse, la aportación del socialismo democrático, nucleado en España en torno al PSOE, fue decisiva para que esa fecha-gozne diera paso a una de las mejores etapas de nuestra historia, particularmente a la década de los años 80 del pasado siglo.

Y tercera. Que dicho todo lo anterior, ningún proyecto de futuro se alimenta con añoranza, nostalgia o animadversión con respecto al ayer, si bien puede inspirarse en el pasado como terreno de conocimiento y experiencia. Que no es poco. Hoy, 35 años después, es grato observar cómo el relevo definitivo entre generaciones y proyectos puede darse en España con normalidad y en todos los ámbitos, con un espíritu cómplice y cooperativo. Y más grato es comprobar cómo ese relevo se produce día a día por encima de cualquier reescritura o revancha sectaria, aunque no debamos negar la existencia de tal realidad, ni mucho menos no tenerla en consideración, a tenor de lo que estamos viviendo y sufriendo ante la desleal actuación de la minoría separatista en Cataluña.

Desde 2014, todo indica que de nuevo estamos viviendo una fecha-gozne en España. Un tiempo que va a necesitar a un PSOE al nivel de los grandes momentos, continuador pero nuevo, inspirado en la historia pero no nostálgico. Un PSOE capaz de liderar el necesario avance en un sentido reformista de los cambios que nuestro país requiere. Estos días de sobresaltos y de malas noticias no es fácil concebirlo, pero creo que 35 años después, vamos camino de ello.

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