Animales (III): Cerdos

FINANZAS... DE ANDAR POR CASA

MARTÍN TORRES GAVIRIA

Hace días que no hablo de animales económicos/financieros. He escrito sobre el cisne negro, el toro y el oso; hoy le toca al cerdo. A priori parece un poco peyorativo, pero si alguien lo ve así pido disculpas de antemano. En realidad viene del dicho económico que dice lo siguiente: «los toros hacen dinero, los osos hacen dinero, pero los cerdos van al matadero». Y eso, ¿a qué se debe? A que se está demostrado que los pequeños inversores de bolsa suelen perder dinero, o ganar menos que el mercado, tanto en momentos alcistas como bajistas. Este grupo de inversores particulares con deficiente educación financiera, sin contactos y, sobre todo, sin información privilegiada, tienden a comprar caro y a vender barato sin ser conscientes de ello. Cuando los mercados están alcistas y todo el mundo habla de bonanza económica, crecimiento, bajada del paro y subida de la Bolsa, todo el mundo quiere invertir en renta variable. Es un negocio redondo, no hay que perderlo y se compra al precio que sea. Porque sí o sí, se venderán las acciones a mayor precio. La realidad es que este grupo de inversores compra en los momentos más álgidos y lo único que puede hacer el mercado es bajar.

Por el contrario, si la Bolsa va cayendo hablamos de crisis, desempleo y derrumbe bursátil. Es cuando este sector inversor va a vender admitiendo pérdidas en el momento más bajo. Justo en el punto en el que el mercado lo único que puede hacer es mejorar. En conclusión, tanto cuando la Bolsa sube como cuando baja siempre hay inversores que ganan dinero, excepto los pobres cerdos que actúan por modas y terminan degollados en el matadero. Cabe preguntarnos, ¿estos comportamientos tienen alguna explicación? Y la respuesta es sí. Y la ha dado nada más ni nada menos que Richard Thaler, el recién Premio Nobel de Economía 2017 por su trabajo de Economía del Comportamiento. Que viene a decir que las decisiones económicas que tomamos los humanos no siempre obedecen a criterios racionales, sino que entran en juego, a la hora de decidir qué hacer, variables psicológicas que las desvían de un comportamiento económico racional. Es decir, para que nos entendamos, hay veces que cuanto más racionales tenemos que ser a la hora de tomar una decisión que nos afecta al bolsillo, va y por razones desconocidas, hacemos lo contrario. Tenemos un comportamiento irracional.

El oráculo de Omaha, Warren Buffet, del que no me canso de describir sus bondades, es uno de los mayores inversores financieros del mundo y entre sus muchas teorías hay una que la aplica desde hace muchísimos años y es de dudosa compatibilidad con la del Premio Nobel, Richard Thaler. Se denomina la 'Teoría de la Opinión Contraria' y se basa en la premisa de que el mercado está formado por personas que toman sus decisiones en función de dos sentimientos principales: miedo y codicia. Si los inversores sienten codicia, compran; y si es miedo lo que perciben, venden. Cuando la inmensa mayoría siente la misma sensación (codicia/miedo), el mercado sube o baja. Pues bien, el consejo del señor Buffet es que seamos racionales y cuando los demás sientan codicia, tú se temeroso y al revés, cuando los demás sean miedosos, tú se codicioso. Es hacer lo contrario de lo que marca el mercado. La pregunta que nos podemos hacer es ¿qué pasaría si todos los demás también actuasen como nosotros? Entonces la solución sería hacer lo contrario de lo contrario. Dicen que una vez le preguntaron a Rockefeller cómo había conseguido ganar tanto dinero en Bolsa y él contestó tranquilamente: «todas las mañanas le pregunto a mi chofer qué valores va a comprar y yo simplemente hago lo contrario».

Martín Torres Gavíria

*Miembro de European Financial Planning Association España

Fotos

Vídeos