El ángel exterminador

BERNARDO SÁNCHEZ

De Luis Buñuel. 1962. «Está pasando», como suelen anunciar los medios para destacar la simultaneidad y el realismo de su trabajo. Efectivamente: la tele y la radio llevan retransmitiendo en directo desde hace semanas de Buñuel; en vivo, desde el interior de un Palau múltiple, el de la Generalitat o y el del . El surrealismo también «está pasando». , ya saben, una de las más demoledoras sátiras jamás realizadas sobre los miedos, las miserias, las mentiras, los egoísmos y los autoengaños de la alta burguesía. Como recordaran, unas gentes de la buena sociedad se reúnen cierta noche en una mansión de alcurnia. La cena y la metáfora se sirven a la vez: tras cenar, pavonearse, autocomplacerse y repetir hasta el absurdo las mismas frases, y reeditar como en una comedia mecánica los protocolos de saludos y presentaciones, deciden salir de la mansión para regresar a sus casas. Pero no pueden: algo se lo impide. Se ha especulado mucho respecto a la raíz simbólica y política del impedimento. De hecho, no se sabe si es culpa suya, una culpa 'de clase', digamos, o de algunos analistas del cine de Buñuel. El caso es que no salen, y a lo largo de la noche la convivencia se degrada. Muchísimo. Duermen de cualquier manera por los sillones y la pesadilla cunde. Y se les pone cara de ultracuerpos, que es otra película metafórica. Llegados a este punto sin retorno (y sin salida), un rebaño de ovejas les invade, como no puede ser de otra manera. Así pasan las cosas en el surrealismo, oye. Y si no, habértelo pensado antes. Se iba a titular, por cierto, la película, . Veo, vemos, el viernes por la tarde imágenes de lo que está sucediendo en el interior del . Un . Ni los que están dentro ni -lo que es aun peor- nosotros mismos parece que podamos salir de allí, desde hace semanas. No está muy claro por qué. Pero nos está pasando. Estamos encerrados en una cámara de 'actos fallidos', pieza estrella del surrealismo; unos actos que aburren hasta las ovejas. Buñuel quería hacer en -lo contó muchas veces- una especie de 'película de catástrofes', sustituyendo, por ejemplo, la balsa de «La Balsa de la Medusa», por un salón aristocrático y con servicio de camareros. Pues ya está pasando la catástrofe. Lo veo y me da la impresión que la cosa está ya muy malita. Que están ya muy locos estos náufragos del Palau. Y me los imagino peripatéticos por las salas de la sede del , delante de los Tàpies y los Clavés. Repitiéndose. Esas repeticiones que tanto le gustaban a Buñuel. Lo estéril y grotesco de la repetición. Veo el viernes que algunos de estos residentes del Palau, en sede parlamentaria, están asomados a una baranda. Firmes. Otros están en las escaleras, agitando varas de mando, arriba y abajo. Y todos cantan y repiten estribillos que -si entiendo bien- proclaman que Cataluña triunfante volverá a ser rica y plena; que se quedan atrás la gente ufana y soberbia; que hay que dar unos buenos golpes de hoz; que hay que estar alertas, que el enemigo ha de temblar al ver su bandera; que igual pueden segarse espigas que cadenas... Pero no me parece a mí que sean segadores auténticos. Se miran entre ellos mismos, cantan para ellos mismos. ¿Qué les pasa? Claro..., ésta es la catástrofe. Parece como si hubieran tomado el Parlament de invierno; como si se hubieran tomado ellos a sí mismos. Y ya estoy viendo el póster, como aquellos pósters de las películas de catástrofes de los setenta: con un dibujo del hundimiento, terremoto o incendio ocupando el centro, y al pie, una serie de fotografías de carnet con los personajes protagonistas: el , la , el, el Jordi, el , el primer Ministro, el otro Jordi, el letrado, la diputada, el cesado, el capitán de los , Lluis Llach. Ya no me caben más. Sólo hay ahora mismo en España dos lugares donde no se enteran de la realidad: en el interior del Palau de la Generalitat y en el interior de la Casa de Guadalix: que sí se nos antoja, en cambio, una república verdaderamente autodeterminada. Repetían también los segadores del Palau que ahora es la hora. La diferencia entre Guadalix y el Palau es que en aquella casa, como en todas, esta madrugada, la hora se habrá atrasado sólo sesenta minutos, pero en la Generalitat la atrasaron el viernes casi cuarenta años.

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