AMIGOS Y... DESCONOCIDOS (1)

El verano es la estación de los reencuentros. Meses de canícula y días de asueto son propicios, incluso se prestan, a coincidir... con ese amigo al que hace tiempo que no se ve aunque sabes que siempre está ahí, con ese conocido del que gusta saber para comprobar que todo sigue en su sitio. Y no digamos ya de la familia. Amigos, conocidos y casi familia fueron Ildefonso Zubía (Logroño, 24 de enero de 1819-Logroño, 3 de junio de 1891) y Alejandro Ganzábal (Yurreta, Vizcaya, 1840-Logroño, 1906). Tan allegados que, si estuvieron cerca en vida, también lo están en muerte... ambos descansan en panteones gemelos en el cementerio de Logroño, obra del segundo -no en vano, falleció después-, y ambos son sometidos al mismo olvido por parte de la ciudad que les vio crecer. Logroño, aun siendo verano, mira para otro lado sin querer saber nada de su suerte. Julio y agosto también son meses que despiertan los recuerdos. Y hace ahora un año que Bodegas Franco Españolas echaba abajo el conocido como Parador del Norte, la que fuese casa de quien llegó a la capital de La Rioja como cantero con motivo de la construcción de la línea férrea de Castejón a Miranda y terminó sus días como maestro de obras, entre las cuales le encomendaron la construcción de las murallas provisionales de la tercera guerra carlista (1872-1876). La que en su día llegó a ser la única casa al otro lado del puente de Piedra, acogiendo desde finales del siglo XIX mil y un usos entre sus muros de sillería y convirtiéndose prácticamente en puerta de entrada al Logroño en blanco y negro, ya no está. De Ganzábal queda apenas una tumba, que junto a la de su amigo el doctor, dejará de estar en breve si alguien no lo remedia. Pero de eso ya hablaremos dentro de catorce días...

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