Amenazadora sequía

La sequía que padecemos se agrava -el volumen de los embalses apenas supera el 37% de su capacidad- y sólo en situaciones extremas como la actual nos percatamos de que no hemos hecho los deberes como procedía: ni se ha concluido la regulación de nuestros ríos ni se ha abordado un plan hidrológico nacional con intercomunicación de cuencas que paliaría -aun sin resolverlo- el problema. Con la sequía más grave de los últimos veinte años, hasta el abastecimiento humano está amenazado en determinadas zonas. Hemos de ser conscientes de que el agua es un bien escaso y tenemos que hacer un uso responsable de ella. La situación más dramática está en las cuencas del Júcar, el Duero y el Segura. En el sureste, tras la cancelación del trasvase del Ebro en 2004, se inició un gran plan de desaladoras. Y este es el momento de regresar a la planificación para decidir, con el mayor consenso posible, qué ha de hacerse en el futuro: seguir con la desalación o enfrentarse con argumentos a la impopularidad que suscitan las grandes infraestructuras de regulación y trasvase. A más largo plazo, lo que desde luego deben hacer el Estado y los ciudadanos es participar activamente en la lucha contra el cambio climático, que requiere reducir cuanto antes las emisiones de gases de efecto invernadero.

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