ALTAS CAPACIDADES

CAUTIVO Y DESARMADO - PABLO ÁLVAREZ

Aclaremos, antes de ir un paso más adelante, un concepto. Un niño de altas capacidades no es un fenómeno. No es un Mozart, no va a escribir una obra de teatro a los 6 años. Es simplemente un niño un pelín diferente, con talento en alguna de las muchas áreas que tiene el conocimiento, aunque en otras pueda ser totalmente mediocre. Sí es un niño algo especial en su interés por algunas cosas, en algunos gustos, y en muchas ocasiones en su grado de madurez intelectual y/o emocional.

Por eso mismo, un niño de altas capacidades es un candidato perfecto a ser una diana. Porque, igual que los niños que se salen de la media por el otro lado, cometen el pecado de ser distintos. Y así pasa lo que pasa: que la mitad de ellos, más o menos, acaba siendo acosado. Acaba sufriendo estrés, ansiedad, peor calidad de vida. Y, casi peor aún, la mitad de los niños con altas capacidades que no recibe ninguna atención especial (o sea, la gran mayoría) acaba en fracaso escolar.

Es terrible todo esto. El sistema educativo ha dado pasos en España, no lo dudo, en estos temas. Pero por ahora, en este país y en muchos, pasa lo que pasa: muchos niños con un talento especial, que deberían ser tratados como un tesoro nacional (y un tesoro frágil, como todos los niños) acaban en la cuneta del sistema.

Porque falta lo que falta: muchísimos medios para ayudar a los que se salen de la media, por uno o por otro lado. España gasta mucho menos dinero que la media de los países desarrollados en educación. Menos dinero es menos medios, menos capacidad de innovar, menos calidad. Y más niños «perdidos». Una lástima.

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