ALTA TENSIÓN

MANUEL ALCÁNTARA

Nadie está a la altura de las circunstancias porque se ha hablado mucho y nuestros políticos no dan la talla aunque se resistan a tirar la toalla. Los que creen que sin Cataluña estaría todo más sosegado y habría menos alborotos callejeros, quizá lleven razón, pero no entienden que, sin Cataluña, España sería menos España. «Contigo y con tu castigo», dijo el poeta Vivanco, que no se refería a esa región, sino a todas las que formaban la nación. En su época no se discutía si somos una nación o una nación de naciones o un cónclave de dementes. El funesto nacionalismo ha logrado sumar a todos los descontentos, que son muchos porque en nuestro pequeño país hay tres millones y medio de parados y no hay forma de dar un paso sin pisar a algunos. Cuando la tensión sube, el termómetro nos delata a todos, porque el mercurio es neutral.

Vivimos una verdadera locura de desánimos porque las colectividades también pierden la cabeza y no saben dónde la han dejado. De momento, le estamos echando la culpa al mensajero, pero los periodistas somos sólo «salvadores de instantes y cantores de lo cotidiano», mientras los radicales crecen y circulan los bulos. La consigna de ir hacia la huelga general está teniendo un gran éxito de público y hay gente que expulsa de los pueblos que ellos custodian a los guardias civiles y a los policías. El dubitativo Gobierno continúa valorando la suspensión de Puigdemont, Junqueras y Forcadell. Hay más miedo que vergüenza a aplicar el artículo 155, que sólo sirve de adorno y amenaza. La gente de la calle habla de Piqué, magnífico futbolista y mejor separatista. El Congreso no ha perdido la calma, pero le puede pasar como a aquellos espectadores que la conservaron cuando se gritaba ¡fuego! Todos murieron achicharrados.

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