Alonso Cuevillas, de Santo Domingo a Bélgica

Alonso Cuevillas, de Santo Domingo a Bélgica

El riojano Ignacio Alonso 'Cuevillas' forma parte de la historia del anticonstitucionalismo español y, causalidad, es antepasado de Jaume Alonso-Cuevillas, abogado de Carles Puigdemont

FRANCISCO JAVIER DÍEZ MORRÁS ABOGADO

Tal y como se pone de manifiesto en la Historia de la Abogacía Española, obra fundamental dirigida por el gran jurista Santiago Muñoz Machado, el ejercicio de la abogacía ha estado en boca de todos, para bien o para mal, desde sus orígenes. Ha sido habitual su presencia en la literatura y especialmente desde los inicios del periodismo, pero en la actualidad, con una política muy judicializada, los abogados hemos alcanzado un indeseado y excepcional protagonismo 'mediático'.

Entre los letrados que hoy intervienen en tertulias y en entrevistas apareció hace unos meses Jaume Alonso-Cuevillas, abogado de Carles Puigdemont y de varios de sus exconsejeros. Aunque su trayectoria como jurista es larga, en mi caso era un completo desconocido, pero algo me llamó la atención, su apellido, el cual me resultó totalmente familiar debido a mis investigaciones sobre los inicios del constitucionalismo español en La Rioja. De forma inmediata me vino a la mente quien fue su antepasado, el riojano Ignacio Alonso, apodado 'Cuevillas', que ocupa un lugar principal en la historia del primer anticonstitucionalismo español.

El 1 de febrero de 1764 nacía en Cervera del Río Alhama Ignacio Alonso Zapatero. Hijo de sencillos labradores, pronto se decidió por las armas quizás previendo un futuro de penuria y necesidad. Se curtió en los resguardos militares desde 1791, pero fue durante la Guerra de la Independencia cuando alcanzó la fama gracias a su intrepidez contra los franceses. Sus andanzas guerrilleras y las de su brava mujer, Dominica, capaz de doblegar a tres franceses en Santo Domingo de la Calzada -'La mujer de Cuevillas gasta calzones, y se monta a caballo como los hombres', decía una copla-, fueron muy famosas por todo el norte español. Expulsados los franceses se unió a los defensores del 'trono y el altar' ascendiendo durante el sexenio absolutista en el escalafón militar. En los inicios del retornado liberalismo de 1820 contuvo sus impulsos anticonstitucionales, pero en 1822 no pudo reprimirse más y, al amparo de la golpista Regencia de la Seo de Urgel, cogió de nuevo las armas para derribar el sistema constitucional. Aunque sus escaramuzas se extendieron entonces por Burgos, Álava y Navarra, fueron muy famosas sus tropelías por La Rioja Alta, abriéndose en 1822 una causa penal en el juzgado de primera instancia de Santo Domingo de la Calzada en el cual se habla de forma clara de un plan de conspiración contra el sistema constitucional proyectado por Ignacio Alonso Cuevillas.

Fue en las tierras riojanas, tan dadas a poner remoquetes, donde se le comenzó a conocer como Alonso Cuevillas, por ser su padre originario del pequeño pueblo soriano de Cueva de Ágreda. Su fama, y con ella su apodo, fue tal que finalmente se convirtió en apellido, siendo autorizado a usarlo por Fernando VII tras derogar la Constitución en 1814. La razón, haber ayudado a restablecer su trono absolutista. Y, por lo que parece, de ahí hasta hoy.

A su hijo, también Ignacio, para no ser confundido se le tuvo que añadir un nuevo mote, 'el menor', en lo que no es sino una excepcional y curiosa sucesión de apodos. Este y su hermano Hilario seguirían la estela bélica e ideológica de su padre alineándose con el carlismo y continuando con la defensa de una España tradicional y anticonstitucional que pretendía seguir anclada al antiguo régimen.

Doscientos años después, otros tiempos y otras formas pero unos mismos apellidos, y de nuevo en medio, la Constitución.

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