Allá ellos

RICARDO ROMANOS

Hay pesimismo. O como quiera usted llamar a ese presentir donde se mezclan el cansancio con el recelo, el taponamiento del horizonte con el estoy que no lo aguanto más, la mala leche con el aburrimiento y el 'esto no tiene solución' con el temor hacia lo inevitable del después. Que, por tan sospechado, hasta se tiene la certeza del resultado: además del disgusto, esa mierda, ese caos, nos va costar la hijuela. Y hay, por todo ello, un erice en un mogollón de personal de todo sexo, lugar de nacimiento y condición. Resulta inevitable el encontrarse con cualquiera y que no salga el tema, y no es eludible el que en la conversación aparezcan cuatro juramentos, alguna que otra amargada altisonancia y un par de blasfemias. Aunque sean a irónico sotto voce, de las gordas. O sea, que hay un mosqueo de mucho mal rollo. Vamos a ver: ¿quién, que se precie de algo, no ha recibido en su guasap algún chiste, alguna fotografía, algún vídeo o algún comentario sardónico sobre el asunto? Ah, que no sabe usted todavía de qué le estoy escribiendo a usted. Ya. ¿De verdad que, a partir de este momento, no lo intuye? Pues verá, le doy una última pista que no tiene pérdida: ayer recibí en mi telefonillo una foto. Grupo familiar. Delante de una rústica y pétrea pared, un banco. Sentados en él y de izquierda a derecha, el papá, una sonriente hija de edad indeterminable, con gafas, cabello no muy largo, pudiera ser de Cuenca, de Navarrete o del Languedoc. Y la mamá: una mujer quizá uzbeka, quizá azerbayana, quizá turcochipriota, quizá del Cameros Viejo, tanto por la color de su tez cuanto por la espesura del nacimiento de sus cejas, sus anchos pómulos y la asentada y tranquila reciedumbre de su pose. Y tras ellos, los dos hijos mayores, él y ella. Jovencitos, en edad militar. Barba negra y recortadita, pelo corto modelo nueva normativa imaginera de la Guardia Civil, rasgos finos, semíticos o castellanomanchegos, y pelo largo ella, castaño, nada destacable: una chica lánguida e impersonal. Según cómo la imagines vestida, pudiera ser bereber, valenciana o neozelandesa. En un primer vistazo la etnia de los cinco, uno por una, resulta indefinible. Porque cada cual parece de su padre y de su madre, como decía mi abuela, esto es: sin ningún rasgo común identificable con los supuestos padre y madre de la foto y ningún parecido entre ellos: tal que una cosa bastante normal, hija de los maravillosos misterios del puré genético del que procede todo quisqui, esa olla podrida tan rica y donde cabe de todo. Pasa en las mejores familias. Ah, me dejaba al padre, un orondo y satisfecho panadero cincuentón: tunecino -diríamos mirándole el belfo-, o napolitano, o pon de Ibeas de Juarros, ahí en Burgos, puritito castellano, y acertamos. Si no fuera porque ya sabemos que es el nuevo monigote o mamporrero o tonto útil, o como usted quiera llamarlo, de Puigdemont; que se llama Quim Torra, que es el reciente y vergonzantemente nombrado presidente digital de la República de Kataluñistán y que, además, ha sido y sigue siendo un notable ideólogo de la pureza de la raza catalana frente al retraso evolutivo del resto de las subespecies que pululan por la península. O sea, una antigualla protofascista del siglo XIX, un hijo de la gran puta nazi. Y no hay más que oler con quién se está relacionando su señorito por ahí afuera.

En fin, el que a estos indeseables, que se han gastado hasta el momento más de 98 millones de euros en sus campañas independentistas mientras recortaban en gastos sociales más que el PP y se lo llevaban crudo a sus mansiones de siempre, el que a estos bellacos les compre los condones la izquierda (?) catalana y la vaselina se la ponga buena parte de la española, es para blasfemar, para erizarse. ¿O no, compañeros y compañeritas del alma? Pues nada, venga, a llorar. O a descojonarnos de risa si no pensamos en los costes. Y que les vayan dando. A todos, a todas. Para cerrar la ventana, acordémonos, juá, juá, juá, de Pablito Iglesias & wife, y no digo nada, y pensemos, cavilemos, en los resultados electorales que la parte interesada, demoscópica ella, así como mediática y con cierta PRISA, adjudica a esos que se hacen llamar Ciudadanos. Y cerremos el círculo. Para ofrecerlo cuando toque y a quien corresponda, ya abierto y lubricado. Por ahí van los tiros. Cataluña es el mejor ejemplo: allí el personal rebuzna desde hace tiempos consignas racistas gracias a gentuza como su moll honorable President, esa otra banda de mafiosos. Y me voy a tomar un café y fumarme un cigarrito de los míos. Para no hacerme muy mala la leche.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos