ALIANZAS Y CONDENAS

MANUEL ALCÁNTARA

Ya sabíamos quién es el enemigo: el que siempre está hablando del enemigo. Los dos sectores del PP han elegido a Cristina Cifuentes como arma para que se rompa nuestra propia cara, mientras el presidente del PP espera que dimita por «agotamiento emocional», pero lo que más teme el Gobierno es lo mismo que tememos los gobernados: que la colisión con Ciudadanos afecte a los Presupuestos. El escándalo del máster ha destapado a los inventores de su propio currículum y hay más embusteros que ventanas. Aparentar una cualificación académica es algo mucho más rápido que obtenerla y en eso estamos y vamos a seguir estando por algún tiempo. Se trata de desemascarar a los truhanes, pero muchos, cuando se quitan la máscara, resulta que tienen la misma cara. El Rey sigue firme ante los empresarios catalanes que le piden diálogo y dice que él se debe a todos los españoles, por no decir que su deuda no es sólo con los más ruidosos ni con los más descontentos.

Todavía hay quienes creen en una solución política, pero al parecer, no hay males menores porque los hemos dejado crecer. El Pentágono es más comedido que Trump y ha dicho que el uso de armas químicas no es tolerable, pero todo el que tiene un arma acaba usándola, incluso los que envenenan a niños con gas sarín. Mientras, Trump presume del «ataque perfecto» de EE UU en Siria. La UE y la OTAN han respaldado el bombardeo, España lo ha calificado de «respuesta legítima y proporcionada» y Putin advierte del peligro de una nueva ola de refugiados. «Parad el mundo, que quiero bajarme» es la petición más unánime, pero no hay quien la escuche y el mundo sigue andando, aunque sólo sea para los supervivientes y los que no se pliegan al 'procés', pero hay más condenas que alianzas, y sobre todo, más insultos. No sabemos ni ser leales enemigos. Es más fácil descalificarlos.

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