Alabanza de la murga

FÉLIX CARIÑANOS

Mañana, día 11 y domingo de Carnaval, saldrá la murga en mi pueblo, como cuanto yo era un mocete y seguía por las calles a aquellos hombres pintarrajeados que nos narraban viajes extraordinarios, extrañísimos para nuestras mentalidades infantiles y localizados frecuentemente en países lejanos. En esos tiempos las murgas, escuchadas con interés y risas en nuestras localidades, apenas eran citadas en la prensa o, al referirse a ellas, casi siempre suscitaban indiferencia, cuando no evidente desprecio, en parte por haber sido creadas por obreros y jornaleros. Hubieron de pasar muchos, muchos años para que el Diccionario de la Lengua Española la definiera en su segunda acepción como «grupo de músicos callejeros que interpretan canciones satíricas en los carnavales».

Sin embargo, las murgas no solo criticaban las injusticias sociales existentes en una comunidad o sucesos humorísticos ocurridos en el transcurso de los meses anteriores sino que sus intérpretes, los murguistas, se tronchaban de sí mismos y de la vida arrastrada que llevaban. Escuchaba yo en 1957: «Aquí venimos, vianeses,/ Domingo de Carnaval,/ la cuadrilla Pichasanta/ les venimos a cantar./ Somos del campo, señores,/ y nos gusta trabajar;/ trabajamos día y noche/ y no tenemos un rial». En 1954 se pudo oír: «Nos pilla un buque en la mar/ y nos pide documentos/ y el Japonés en su lengua/ les dice que estamos muertos;/ no comemos más que arroz/ y alguno que otro pescado/ que Bolillo por la noche/ nos coge con el trasmallo./ Ya no vemos ni las olas,/ ¡que estamos muertos de flacos!». Algo antes, en 1948, también se hacía referencia a la comida, tema recurrente por entonces: «Quedan Román y Redondo,/ cocineros de etiqueta,/ que tienen un macho flaco,/ que se llama Bayoneta./ Ellos guisan la comida/ durante nuestros trabajos/ y algún día encontraremos/ en la olla escarabajos».

Han pasado muchas lunas y mañana tendremos ocasión de escuchar cuatro de aquellas populares piezas musicales cantadas por supervivientes de las murgas de finales de los años cincuenta, por exintegrantes de la coral Navarro Villoslada, miembros del coro parroquial, socias del grupo cultural de mujeres ANEA y componentes de los auroros. La primera composición es la de los Caldereros, que fue cantada por la Peña El Rayo en 1948; la segunda data de 1954, la Guerra de Corea, compuesta en su música y letra por el herrero Ángel Arina, alias Galvas; la tercera, localizada en la selva, se titula La cacería y en ella predominaron nuevamente en 1958 los peñistas de El Rayo; finalmente, la cuarta es la del Homenaje, callejeada por la Peña de Los Azulones en 1987, en la que se remarcaban las diferencias entre la sociedad agrícola anterior y la industrial posterior.

Será mañana domingo, hacia las 13 horas y en el casco antiguo de Viana. ¡Viva la murga!

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