AGUR ATHLETIC

PABLO GARCÍA-MANCHA

El presidente del Athletic de Bilbao, Josu Urrutia, ha decidido que unos niños riojanos que entrenaban en Oyón no puedan seguir la estela del resto de los muchachos y soñar con vestir la camiseta de los leones de San Mamés. No tengo ni idea en qué consiste la política de cantera de un club tan importante como el Athletic, pero tras leer el artículo de Jon Aguiriano titulado 'Una purga inconcebible' no puedo pensar en otra cosa que en la fractura tan dolorosa que en España está abriendo el separatismo. Recuerdo una portada de 'Abc' en la que se alardeaba con cierto recochineo que este equipo vasco era el único de la liga formado en su totalidad por jugadores españoles. Aquello escoció mucho y un amigo me dijo que también podían fichar a futbolistas franceses de los 'herrialdes' euskaldunes, cosa que en la actualidad sigue entrando en los parámetros 'raciales' del club. Obviamente, es una institución privada y puede reservar su derecho de admisión a quién le plazca pero el 'tufo' a 'patrioterismo' nacionalista del asunto apesta desde lejos. En el fondo, las pitadas al Rey y estos comportamientos de tan hondo acento talibán atienden a la misma política excluyente, al mismo deseo de levantar fronteras y marcar diferencias entre ellos y el resto. El material sensible en este caso son 150 niños y les importa un bledo; más allá de la infancia está el sórdido imaginario de las siete provincias de Euskal Herria como un paraíso de seres notables, sin mancha alguna y sin parangón. El mismo coñazo araniano de siempre. Eso sí, como en otras tantas ocasiones echo de menos que la masa social del club llamara la atención a Josu Urrutia por comportarse como un racista.

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