Agosto

MAYTE CIRIZA

Los primeros días de agosto aún te despiertas a la misma hora, aunque no pusiste el despertador la noche anterior. Te despiertas, pero te quedas en la cama, remoloneando, un par de horas más. No tener que levantarse a las seis de la mañana, cambiar el orden en el que haces las cosas cada día, eso son vacaciones. Es escaparse de la tiranía de la rutina, de los horarios fijos, del despacho, de las reuniones, de tener que leer y contestar correos electrónicos, es poder olvidarse de la esclavitud del móvil, es poder tener tiempo libre para no hacer nada

Pues sí, yo estoy a favor de las vacaciones, son muy necesarias. Da igual adonde vayas, lo importante es desconectar. Desconectar para reconectar después. Es una manera de ser más eficaz en el trabajo, porque si no descansas, no rindes. Y para recargar las pilas y sentirnos mejor, hay que dedicar tiempo a uno mismo. Aunque siempre hay algunos a los que les cuesta cogerse tiempo libre: los que son adictos al trabajo, los que se creen insustituibles, los que se resisten a romper la rutina.

Conviene no hacerse demasiados planes, las mejores vacaciones son las que no tienen grandes expectativas ni agendas que nos estresen de antemano. No siempre es lo mismo hacer turismo que tener vacaciones, porque algunos lo que hacen es sustituir un agotamiento por otro, el del trabajo por el de las vacaciones. Por eso, en las vacaciones no hay que imponerse una agenda repleta, hay que evitar demasiadas visitas, demasiadas actividades. Ya lo escribió Lao-Tse hace dos y mil pico años: «un buen viajero no tiene planes fijos ni tampoco la intención de llegar».

Hay una variante interesante que es la de coger las vacaciones en otro mes y quedarse a trabajar en agosto, aprovechando que la mayor parte de los jefes están fuera este mes, y así no tienen la presión de tenerlos encima. Además pueden disfrutar de la ciudad sin gente, sin prisas, sin colas, sin problemas de aparcamiento. Y se van de vacaciones en septiembre, cuando todos volvemos.

También hay quienes prefieren disfrutar de las vacaciones en casa, o no pueden permitirse salir, lo que es peor. Pero nada como cambiar de paisajes y respirar otros aires, nada como salir del entorno habitual. Hay que disfrutar las vacaciones todo lo que se pueda y aprender a valorar la tranquilidad de no hacer nada. Después de tantos meses, del largo invierno, después del curso tan intenso, después de tantas horas de trabajo...felices vacaciones. ¡Por fin!, ha llegado agosto.

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