Agostando*

RICARDO ROMANOS

Constato, no opino, amore mío, la luz del entendimiento me hace ser muy comedido. Noticia nacional en todos los diarios, papel y digitales; en todas las emisoras de radio y televisión y más de 20.000 recibidos por su coprotagonista, una joven gijonesa que se hace llamar Cabra de los Montes. Al parecer, al entrar en su domicilio un hombre le dijo: ¿Vives aquí, guapa? Y Cabra de los Montes se indignó por el piropo, sacó su móvil, grabó el pollo que le montó al pollo y lo colgó en Twiter, esa caja resonadora de espantos trumpianos, con la correspondiente apostilla: «Un tío me estaba acosando por la calle y le he respondido así, me están temblando las manos, para que veáis en qué mundo vivimos». La Red hirvió con la furia de las féminas. Acosar: Dirigir o hacer a alguien repetidas peticiones, preguntas u otra cosa pesada o molesta. Pues eso, amore, para que veas en qué mundo vivimos. Fíjate que había pensado enviarte un billete con un soneto caudato, con colita o estrambote, de ahí lo de caudato, no pienses mal, y en verso agudo, tal que claudicante tanto el soneto como yo y no me digas que me pongo freudiano. Rima abrazada, eslabonando que te caes de gusto para que no le faltara de nada, y te juro escrito con todo mi amor y cuidado, amore, acariciando las sílabas para que no me cojeara ni un pelo la cadencia. Pero va a ser que no. Que no te lo mando, hermosa mía, y perdóname mil y ciento mil veces por lo de hermosa. Pero es que te recuerdo, Amanda, y se me escurren las perlas por entre las yemas de los versos. Así que no te digo aquí lo que en él te decía no vaya a ser que me ahorques en Internet, que ya no tengo el ceño (finura lírica lo del ceño) para ruidos de esos, de los de la Cabritilla de los Montes, que hay que ver cómo está el patio, amore. Fíjate que empezaba a la lopesca con un «¡Qué delgadez milagro tu cintura!», así que figúrate los diez endecasílabos siguientes, qué ardor. Pero mejor no, por Dios, no te imagines nada no vaya a ser que la liemos parda. Porque si a un pavo por decirle guapa a una pava le montan el guirigay mediático que le han montado no te cuento la que me puede caer encima por un soneto erótico-festivo. Aterrado estoy de sólo pensarlo. Y es que nos estáis metiendo mucha candela, amore, acosando bastante. Algunas pavas, como doña Miriam Martínez-Bascuñán en a los pavos en general y sin miramientos, a la pava la llana. Dice la mujer que los tíos estamos llenos de problemas, que nuestras aspiraciones son banales y sujetas a los tópicos sociales más sórdidos. Tal cual. Y que al no tener mujeres con las que identificarnos construimos nuestra identidad a base de género, supongo que dando por sobreentendido el lanar. O el subgénero besugo común. No voy a discutir nada, estoy absolutamente de acuerdo con las majaderías de doña Miriam. Recuerda: constato, no opino. Además, mi banalidad mental, sórdida ella, hace que no llegue al fondo del busilis porque no dispongo de señora a la que parecerme. Y como no especifica si somos ovejos o piscícolas no me apaño con la metáfora. De besugo doy bien, pero de ovejo, no. Ya ves, yo siempre quise ser como mi referente, Sofía Loren, y mira tú lo fatal que me ha salido la cosa. También dice doña Miriam que somos incapaces de asemejarnos a lo que las mujeres representáis, de modo que las pavas seguís estando ante masculinidades defensivas. ¡Toma, no, como para poner las mejillitas sin habernos maquillado! Ahora bien, ¿te imaginas lo que habría pasado de ser un pavo el firmante de tales sandeces en tan prestigioso como previsible diario? A ver cómo te suena: «Las mujeres estáis llenas de problemas, vuestras banales aspiraciones están sujetas a los tópicos sociales más sórdidos. Las mujeres, al no tener hombres con quien poder identificaros, construís vuestra identidad a base de género. Las mujeres sois incapaces de asemejaros a lo que los hombres representamos». A estas horas el director de estaba rumbo a Corea del Norte. Y no te digo nada del ardimiento tuitero y los comunicados de las Secciones Femeninas de los partidos electoreros. Y mañana manifas a tutiplén, así están las cosas, guapísima. Pero no le digas a nadie que te lo he dicho, aún en la confianza de más de medio siglo de mutuo reconocimiento. Por si acaso, amore, y para que veas en qué mundo de susceptibilidades frenopáticas vivimos.

Escribiendo cosillas para entretenernos un rato agosteño mientras pasa la calor.

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