LA AGENDA SIN PÁGINAS

MANUEL ALCÁNTARA

Las personas de más de cuarenta años, que ya no son jóvenes pero todavía no son viejas, están preocupadas por su futuro imperfecto, porque tiembla el suelo que pisan y así no hay manera de andar. No lo tiene fácil el PP, porque trata de recular sin perder el culo o lo que viene a ser lo mismo, seguir sin seguidores. La sosegada huida de los independentistas catalanes ha determinado el auge de Ciudadanos, pero las intenciones de voto sólo se comprueban el día de la votación. Hasta entonces, sólo son conjeturas, mientras lo que de verdad es preocupante es que la pensión media suba al mes la ridícula cifra de doce euros, que es un dinero que en la mano no se ve y si se abre la mano se evapora. En España hay seis millones de jubilados que desmienten que esta palabra tenga relación con el vocablo júbilo, porque cada mes comprueba su insuficiencia y que vivir no es igual que durar, aunque ambas cosas se hagan a duras penas.

Los expertos en política interior atribuyen el desencanto al errabundo PP, pero está sin demostrar lo que hubiera hecho cualquier otro partido en esas circunstancias. Nuestro único consuelo es doble porque nos quedan Messi y Nadal. A los noventa años y tres meses lo que más pesa es el trimestre último, porque el tiempo se vuelve plano y la distancia se transforma en sentimiento. Quienes nos tenemos autoprohibido el desencanto total no es que seamos definitivamente tontos, sino que sabemos que los clavos ardiendo también sirven para agarrarse. La urgencia ahora es cambiar el Código Penal, ya que no se puede cambiar a los delincuentes porque muchos se han incrustado en los partidos políticos y gritan tanto que no se puede oír a los que se quejan con razón. Como si llevarla nos condujera a otra parte, con lo que pesa.

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