ADIÓS SIN PAÑUELO

MANUEL ALCÁNTARA

Tenemos los dos brazos más cortos que el otro y así no hay manera de alcanzar un acuerdo por mucho que nos empinemos. El Rey le ha impuesto el Toisón de Oro a su hija, que es de verdad una criatura encantadora, pero las divisiones, las tensiones y los bloqueos crecen mientras Puigdemont se ha dado cuenta de que no tiene sitio, ni dentro de España, ni fuera. Le espera la cárcel. La encrucijada española, que es una extension de la catalana, nos trae locos, pero hay más clientes que psiquiatras, porque las locuras de desamor no tienen cura. Cientos de manifestantes, partidarios del huido, o sea de partir España, están frenando el crecimiento económico, que es la única manera de crecer, sin agacharse previamente. El president del Parlament ha cargado contra el Tribunal Constitucional, pero a Puigdemont se le ha acabado la cuerda, no sin antes ponerla en la garganta de los demás españoles. Ahora parece que los independentistas no son sólo un grupo, sino tres. ¿Cuál de ellos tiene menos razón, los que han perdido la chaveta o los que nunca la tuvieron?

Cuando estaban a las puertas del Parlament, los Mossos pudieron frenar a los centenares de manifestantes que habían accedido al parque de la Ciutadella, donde se ha instalado la Cámara, pero llegaron con caretas de Puigdemont, que ha sido desenmascarado. El Tribunal Constitucional ha confirmado la prohibición de su investidura, pero el prófugo no se da por vencido aunque le derroten. Como las desgracias nunca vienen solas, en vez de un independentismo ahora tenemos tres. La situación catalana ha frenado el crecimiento económico de todos los españoles, que es pequeño, pero verdadero y exige más paciencia de la que tenemos.

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