El abismo venezolano

El cese de la fiscal general por la Asamblea Constituyente prueba hasta qué punto de frivolidad está dispuesto a llegar el régimen

La crisis política en Venezuela se transforma un poco más cada día en una especie de trágica novela por entregas. Las ocurrencias del poder para prevalecer tras su fracaso en las legislativas de diciembre de 2015, la fecha que abrió la vigente y trágica crisis política y social, han alcanzado cotas inaceptables en la gestión de los asuntos públicos, con un creciente recurso a la represión y la aparición de inventos del todo innecesarios y extravagantes, como la creación de la Asamblea Nacional Constituyente. Votada en condiciones penosas de credibilidad, con una participación tan baja que le priva de toda autoridad política, la institución fue instalada el viernes en un ambiente de jolgorio político oficial que parece destinado a que el público olvide la existencia de un Parlamento genuinamente elegido y donde hay una holgada mayoría de la oposición. En esta carrera de despropósitos, el régimen bolivariano ha llegado al vodevil popular, a convertir la gestión político-institucional en una especie de verbena permanente cuyo protagonista central es el presidente Maduro, cuya incesante verborrea va jalonando el triste proceso a gritos y golpes de eslogan. Lo del viernes, acomodando a la nueva Asamblea Constituyente en la sede del poder legislativo, fue una comedia bufa que, con toda razón, los representantes del genuino parlamento han denunciado con un vigor que les honra en el cada día más inquietante panorama político y social que se extiende por el país. Además de algunos valerosos portavoces de los partidos, solo la fiscal general del Estado, Luisa Ortega, ha alzado su voz contra los abusos del régimen y ello le ha costado su destitución, confusa, ilegal y arbitraria, a cargo de la flamante Asamblea Constituyente, que carece de poderes para hacer tal cosa. El asunto, en cierto modo menor en medio de la tragedia, prueba hasta qué punto de parcialidad, de frivolidad institucional y de atrevimiento está dispuesto a llegar el régimen. El país parece dirigirse a estas alturas hacia un eventual enfrentamiento nacional del que sólo será responsable la administración Maduro, que ayer recibió otra reprimenda internacional: fue expulsada de Mercosur.

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