2018

LUIS JAVIER RUIZ

Al 2017 le quedan cuatro días. Cinco si cuentan hoy. Punto y final a un año que al final ha resultado bastante entretenido para todos. Lo cojan por donde lo cojan, encontrarán temas más que suficientes como para tirarse de los pelos y no parar. Quizá por eso todos tendemos a depositar nuestras esperanzas en el curso siguiente. Como el mal estudiante que a finales de agosto promete que estudiará todos los días y que cuando llegan las notas en diciembre ya tiene más suspensos que aprobados... y los libros sin estrenar.

Es todo una cuestión de pura voluntad. Está muy bien eso de mandar a todos los contactos mensajes cómicos, sentimentales o tremendamente edulcorados deseando un feliz año nuevo, pero lo que realmente hace falta es tener ganas de que el 2018 sea mejor que el 2017. Lo mismo que necesita el estudiante.

Y para eso viene bastante bien hablar. Y escuchar. Está genial que se prometa dejar de fumar el día 2 (que luego será el día 7); que va a volver a pagar religiosamente la cuota de un gimnasio que solo pisará para darse de baja en mayo; o que va a leer un libro por mes. Pero si quiere que el 2018 sea un buen año hable. Y escuche.

Que su jefe es un cabrón lo sabe todo el mundo; también que el vecino del octavo escupe en la escalera como el auténtico cerdo que es; y que su vecino de plaza de garaje no le deja sitio para salir del coche para joder. No explote. No reviente. Tome aire y respire diez veces. Hable. Y escuche.

A todos nos ira mucho mejor si dejamos a un lado nuestros integrismos (todos tenemos el nuestro, asumámoslo) y aprendemos a aprender de los demás.

Incluso del cuñado.

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