La Rioja

Dinamarca y el Magreb

Ahora resulta que entre Cataluña y el resto de España existe la misma diferencia que entre Dinamarca y el Magreb. La referencia, tan valiosa para todos los que lo ignoramos todo de Cataluña y de España, nos la ha suministrado un experto de primera fila, el alcalde socialista de la localidad gerundense de Blanes, que ha aducido el argumento para justificar la celebración de un referéndum sobre la independencia en el que, curiosamente, y pese al abrupto distingo que hace entre catalanes y españoles, asevera que su voto se decantaría por la opción de permanecer unidos a los segundos.

Al escuchar cosas así, y aunque a estas alturas deberíamos estar curados de espanto, uno se pregunta cómo pueden llegar a gestarse ideas semejantes, y por qué vericuetos llega el interesado a formular tales ecuaciones e inecuaciones, con referencias tan poco inocentes. Porque no es lo mismo ejemplificar diferencias con una comparación entre Dinamarca y el Magreb que hacerlo, pongamos por caso, con el par Bélgica y Hungría o con el formado por Eslovaquia y Noruega. La intención, así sea inconsciente, queda bien establecida.

Puede suceder que el alcalde de Blanes haya sufrido alguna suerte de fenómeno paranormal, del estilo del que les acontecía a los protagonistas de aquella película de Buñuel, 'El ángel exterminador', que le impida rebasar los límites del término municipal de su pueblo y por tanto haya de apañarse con las nociones que le transmite la propaganda de aquellos que desean exagerar a toda costa la brecha que media entre catalanes y españoles. Puede suceder, por el contrario, que conserve la capacidad ambulatoria más allá de Blanes, pero que cuando sale de los confines de Cataluña su percepción quede completamente obnubilada de modo que le resulte imposible percatarse de lo que ocurre y se ventila en el resto de España.

Con todo, lo más alarmante es que el subconsciente le empuje a escoger como referentes el país nórdico, que vendría a representar la civilización con la que como catalán desea identificarse, y el norte de África, que oficiaría como par de una España a la que es menester identificar con atraso y barbarie. Al edil de Blanes no sólo le hace falta viajar más por España (y seguramente por Cataluña), sino que tampoco le iría mal darse una vuelta por Copenhague o Aarhus y otra por Tánger o Casablanca. Si pudiera por un instante quitarse sus gafas empañadas, tal vez llegaría a aprender de daneses y de marroquíes que la condición humana es universal, con todas sus singularidades, que dudosamente justifican, a la postre, unas fronteras que son el residuo a menudo desdichado y absurdo de la historia, lo contrario del futuro de conocimiento y respeto mutuo que la verdadera civilización nos impone como único programa viable.

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