La Rioja

LAS VIEJAS HERIDAS

Se busca un punto de apoyo, pero no para mover el mundo, sino para conseguir que se esté quieto. La decisión de Pedro Sánchez de no secundar el tratado comercial de la Unión Europea con Canadá, al que llaman CETA los íntimos, por sus siglas en inglés, nos trae más locos de lo que estábamos por culpa del calor. No es buen momento para echarle leña al fuego, porque los pantanos presentan el nivel más bajo de las dos últimas décadas y no hay forma de apagarlo. La primavera ha sido la más calurosa desde 1965, cuando nadie hablaba del cambio climático y nos conformábamos con rimar 'calor de horno' con bochorno. La decisión de Pedro Sánchez de no aprobar el tratado comercial está dividiendo al PSOE, pero, mientras, Madrid, que está que arde, ha acogido la gran cita que reivindica a lesbianas, gais, transexuales y bisexuales de todo el ancho mundo y se prevén dos millones de visitantes. Gran éxito comercial. Con los hoteles llenos y los alquileres con precios disparatados. Hay que esperar la próxima reunión de Sánchez con Iglesias, pero la capital de España, que en tiempos fuera 'castillo famoso', es ahora el escaparate del planeta donde se debaten los derechos y las libertades ciudadanas. El mundo será lo que quieran que sea sus efímeros habitantes, aunque por una corta temporada, ya que una vida no da para más y una vez acostumbrados hay que irse.

El gran espectáculo es la diversidad, aunque no sea apto para menores. El primer Orgullo mundial se celebró en Roma en el año 2000. En vano trató de impedirlo el Vaticano y el papa Juan Pablo II habló desde el balcón de la plaza de San Pedro, que es el púlpito preferido de los últimos pontífices, de «afrenta» y de que los actos de homosexualidad son «contrarios a la ley natural». Nadie se atrevería hoy a decir esas cosas por miedo a quedarse sin clientela. Hay que ser tolerantes o partidarios. A eso le llamamos prudencia.

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