La Rioja

EDITORIALES

El peligro de los incendios

El gran incendio de Pedrógao Grande, en el centro de Portugal, con 64 víctimas mortales, sirvió de aviso a navegantes. Pero no ha podido impedir el desencadenamiento del primer gran incendio del verano español, a pesar de las numerosas advertencias de los expertos y de que la ministra de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente previniese del riesgo excepcional que corremos este año, por las altas temperaturas, la gran sequía -las precipitaciones han caído en un 40% en buena parte del territorio- y el descenso de la humedad. De hecho, en los cinco primeros meses de 2017 ya se ha advertido el alto riesgo: en España hubo más de 6.100 incidentes, casi cuatro veces más que en el mismo periodo de 2016, mucho más húmedo. El siniestro que se desencadenó en la noche del sábado en una zona de pinar en el Espacio Natural de Doñana, en Huelva, en las cercanías del parque nacional, amenaza una zona de alto valor ambiental y, a la dificultad inherente al suceso, se suman vientos fuertes de dirección variable que dificultan la extinción, en la que se están empleando todos los medios disponibles. Las autoridades han explicado, además, que el incendio no ha sido fortuito y que no puede descartarse por tanto el factor humano. De hecho, la intervención humana, intencionada o no, está detrás de más del 95% de los incendios forestales. Para combatir el dolo, la reforma del Código Penal de 1995 introdujo por primera vez una sección específica para los incendios forestales, con una pena máxima de 20 años cuando haya peligro para la integridad física de las personas; la reforma de 2015 eliminó la intervención del jurado en tales delitos, elevó la pena a seis años cuando no hubiera víctimas y se incluyeron agravantes en casos peligrosos o lesivos para el medio ambiente. Con todo, la sanción, por dura que sea, puede tener efectos disuasorios pero no revierte el desastre causado. De ahí la necesidad de incrementar las medidas preventivas hasta el máximo posible en todos los ámbitos. Porque el verano no ha hecho más que empezar.

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