La Rioja

VENTANA A LA CALLE

Oteando en colores

Están de súper-súper moda, baratísimas, low-cost. Por 28,95 pavos te haces con unas gafas de sol españolas fetén. Oiga, hechas aquí, Marca España al 100 por 100 como su propia denominación de origen indica, que hay que ver. Cara de Indio se llaman, pero en inglés: The Indian Face, que mola más para el postureo. Para ella y para él. No hay famosete ni famoseta que no se cuelgue de las orejas unas Indianfaces. Pero si hasta las lleva nuestro rey don Felipe VI, por algo será, algo tendrán, para algo más que para proteger la vista han de servir. Y digo yo que, si las caras de los pieles rojas de las pelis del Oeste se caracterizaban por su impenetrabilidad, ese vacío, jao, jao, y las de los indios del Imperio británico por la inextricable profundidad de su mirada, y véase si no la de Peter Sellers haciendo el hindú en El guateque, el inventor-diseñador de esta maravilla óptica lo tendría en cuenta a la hora de bautizarla. Sí -se diría-, con unos espejuelos como estos, la mirada del indio ante la realidad, otra forma de ver la vida. Y a vender, que para eso estamos e igual nos dan el Premio Crystal del Foro Económico Mundial como a don Paulo Coelho, esa gloria del pensamiento universal. Por ahí deben de andarse los tiros, de ahí el éxito de ventas de las Indianfaces en el mundo del deporte de elite y demás tenistas cristianorronaldos, en las altas esferas sociales, en las finanzas de por allá arriba, en la encumbrada política o en la flor y nata del famoseo putón-televisual. Ah, la realidad, esa cosa molesta, altisonante, embarullada. ¿Cómo la verá don Felipe tras los cristales blue de sus Power Free Spirit? ¡El Poder del Libre Espíritu! Qué pasada de gafas veraniegas, yo también quiero ese oteo, esa vista en alegres colorines. Quizá me encuentre con una discreta panorámica de la vida, o de la situación política del Régimen, no sé, un paisaje relajado, reflejado, que se va a tomar por saco en el horizonte con todos ellos dentro. Por cosas así sé que preciso esas gafas regias, famosas, juveniles a la vez que clásicas y clásicas a la par que un poco frikis, sí, hasta con un cierto toque hípster. Sí, me las compraré en blue prussian, en black, en green, en melocotón, cromáticas, reflectantes, polarizadas, toda la colección. Para poder enfrentarme con cara de Peter Sellers a los avatares del destino. Impasible el ademán. Como antaño. Como don Mariano cuando se enfrenta a los vórtices de la corrupción pero con unas Adrenaline Style en verdeante tornasolado. Y ya me pueden caer encima telediarios de TVE-1, donmarianos, editoriales de las escuelas de periodismo de los señores Cebrián o Marhuenda, tanto monta, comparecencias del ínclito ético del PP don Rafael Hernando, disertaciones independentistas de Puigdemont y sus rufianes, el mismísimo señor Maduro disfrazado de Kim Jong-un largando peroratas como Presidente Eterno de la República Bolivariana de Koreazuela o el inenarrable Trumpi firmando el bombardeo atómico de Groenlandia. Con mis Indianfaces yo como un palo, a mí me van a decir, aquí, en mi terracita, con mi cervecita marinera, mi pinchito de española y mi turquestano. Fucsia el mundo: sin radicalismos, confianzudo, optimista, equilibradamente moderado, miras en el amplio futuro económico, montañas nevadas (no fuera malo) y banderas de la unidad nacional al viento. Ya lo dijo don Ramón de Campoamor: «En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, y todo es según el color, del cristal con que se mira». Pero mira, mira, mira, qué cosita nos viene por ahí, ¡pero qué bar-ba-ri-dad!. Y nada, ni el asomo de un tic en mi facies. Como un rey. Españolísimo con mis Power Free Style color frambuesa. Y quédate con las vueltas, Carmelo, para que te compres el chalé.

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