La Rioja

Islam, velo de silencio

En el musical 'Mar i Cel' creado por el grupo catalán Dagoll Dagom en 1987 uno de los momentos culminantes es el 'Himne dels pirates'. Encajado en un relato mediterráneo y medieval que cuenta la historia del amor imposible entre un pirata berberisco y una princesa cristiana, con un barco de tamaño casi real sobre el escenario y los piratas erguidos entre las drizas, suena el himno berberisco cuya letra dice: «Y llegará el día de gloria, cuando ya no queden cristianos, que cantaremos la gran victoria de los fieles valientes hijos de Alá».

Hace días la madre de un alumno de una escuela de música de Palma donde se representó la obra, acudió a la Policía para denunciar un posible delito de incitación al odio. La Policía Nacional ni corta ni perezosa se puso a investigar los hechos. Este desatino, sin embargo, reclama un poco de atención porque deja traslucir el gran vacío informativo existente en nuestra sociedad sobre el islam. Problema extensible al conjunto de la sociedad europea donde cada vez se identifica más islam e islamismo. El resultado es que se ha instalado, como denuncia el gran experto argelino Boualem Sansal, el miedo a hablar del islam, a debatir sobre su convivencia con la democracia o su influencia en el terrorismo.

Solo la palabra islam bloquea como un muro todo intento de debate por temor a ser acusado de islamofobia. La opinión se ha dividido en dos posiciones encontradas: o el islam no tiene nada que ver con el terrorismo o el islam es la religión que alimenta la violencia. Es cierto que cuando José Luis Bozzo escribió la obra 'Mar y Cel' el yihadismo global apenas había atacado nuestras sociedades europeas. Ahora está en marcha una yihad global que lo ha corrompido todo. Según datos de la ONU de 2006, los musulmanes ya han superado en número a los católicos en el mundo (19,2% frente a 17,4%) pero sigue siendo un cosmos opaco y vedado para los no musulmanes. Y simultáneamente el islamismo radical y el yihadismo global se despliega como una epidemia por el Sahel, sudeste asiático, infiltra occidente y las primaveras populares de pulsión democratizadora. Y, como señala Sansal, «avanza por el surco abierto por el islam moderado que tranquiliza las opiniones internacionales».

Hay un impulso religioso y social (la Nahda: el despertar del islam) que está siendo aprovechado a través de organizaciones civiles, muchas legalmente constituidas cuya doctrina no traspasa los muros de las mezquitas y sigue cubierta por un velo que perjudica al islam tolerante. Se está produciendo una amalgama grave que confunde islam e islamismo cuando los musulmanes no son responsables de la instrumentalización violenta de su religión. La ofensiva terrorista que golpea estos días Londres, París, Berlín, Bruselas hace más urgente que nunca abrir el debate y correr el velo de silencio sobre islam y democracia y su modernización como forma de vida.

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