La Rioja

Nuestros miedos

El barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) se construye con las respuestas espontáneas de los encuestados sobre cuál es, a su juicio, el primer, segundo y tercer problema que sufre España y nos muestra una fotografía de las preocupaciones a las que, desde la perspectiva de los ciudadanos, debería hacer frente nuestro país.

En el avance de resultados de abril pasado, los principales problemas catalogados como primera, segunda o tercera preocupación son dos: la falta de empleo (el 69,8%) y la corrupción y el fraude (42%), cifra a la que podríamos sumar otro 20,8 % que señala a los políticos, los partidos y la política.

Nuestra alta preocupación por el empleo muestra el problema que sufre el gran colectivo que está en paro, pero también la intranquilidad de quienes van y vienen del desempleo a los contratos basura, de quienes no les llega para vivir con el sueldo que reciben y de aquellos que ven en peligro el puesto de trabajo que ocupan.

Pero quizá también sea indicador del miedo a un futuro aún más incierto: la automatización de tareas cada vez más complejas y la utilización masiva de máquinas en los procesos de producción y recolección están reduciendo a marchas aceleradas la necesidad de mano de obra humana. Este proceso de destrucción de empleo puede ser imparable: los robots ya no se limitan al manejo de objetos o materiales, sino que el uso de los big data irrumpe en campos como el de la traducción o el de los diagnósticos médicos.

Y ante el anuncio de este futuro laboral, ¿cómo nos estamos preparando para afrontarlo? ¿Cómo se asegurará la subsistencia de tantas personas sin empleo? ¿Qué preparación se está dando a las nuevas generaciones ante un porvenir que les mira con tan mala cara?

La segunda preocupación de los españoles, la corrupción y el fraude, también parece estar más que justificada: asistimos cada día a noticias sobre nuevos delitos; unas noticias que nos llegan de forma escalonada y que nos llevan a preguntarnos si lo que se pretende es dejar en la sombra tantos procesos que siguen estancados.

Debemos hacer un esfuerzo para no perder la memoria. Si acudimos a internet podemos encontrar un explícito «mapa de la corrupción», registros de los casos abiertos y listas donde aparecen las investigaciones ordenadas en función del partido político al que pertenecen los corruptos. Las tres grandes formaciones, PP, PSOE y la antigua CIU, aparecen totalmente manchadas; pero el PP, que ha tenido en sus manos el poder de la mayoría de CCAA y del Gobierno, gana la carrera sobrepasando al segundo por más de cien cabezas.

Aunque a los políticos se les llena la boca diciendo que serán firmes con la corrupción, ¿qué están haciendo para lograrlo? ¿Nos llegan informes de las medidas adoptadas para controlar el gasto innecesario o para mejorar la supervisión de contratos? ¿Hay noticia sobre qué barreras se están levantando para bloquear «favores» y qué filtros para detectar nuevas formas de robar a las arcas públicas?

Por otra parte, la página del Consejo General del Poder Judicial nos presenta los interesantes resultados de una encuesta realizada entre todos los jueces y magistrados que estaban en servicio activo en 2015, y se comenta: «en todos los órganos judiciales hay una opinión desfavorable sobre el traspaso de competencias a las Comunidades Autónomas» y «el 52% considera que las Administraciones no colaboran con el CGPJ».

¿Es que la proximidad y dependencia de las administraciones, dará igual el partido presente o futuro que gobierne, siempre empañarán la libertad de maniobra de jueces y fiscales? ¿Se podrá llegar a aprisionar a la Justicia, cuando su independencia es una de las mayores aspiraciones de la ciudadanía? ¿Es que quieren que desconfiemos de que haya jueces y fiscales íntegros que son el único obstáculo que encuentra la voracidad de los grandes ladrones?

Y si acudimos a los medios de comunicación para ver cómo recogen estas preocupaciones esenciales de los ciudadanos, ¿no nos parece que muchos de ellos están demasiado entretenidos en otras cosas, y que no nos ayudan a entender el origen ni las consecuencias de nuestras preocupaciones? En momentos nos da la sensación de que en vez de sugerir y analizar alternativas que nos sirvieran para hacerles frente, se dedicasen a esconder nuestros temores tras cortinas de humo, o bien a aumentar nuestro miedo a daños poco probables.

Ejemplos de esta forma de actuar no nos faltan: ¿por qué desde hace años y años hablan tanto del llamado problema catalán cuando solo el 0,9% de los encuestados por el CIS lo valora entre sus tres primeras preocupaciones? ¿Por qué nos marean con los problemas internos de los partidos políticos en vez de contarnos sus propuestas? Y, sobre todo ¿por qué nos bombardean con noticias sobre catástrofes naturales, atentados terroristas, asesinatos e incendios domésticos que son hoy los temas estrella de los telediarios?

En contra de lo que aconseja la psicología ante situaciones de incertidumbre (reconocer lo que nos afecta y fortalecernos para afrontarlo), parece que se nos animara a ignorar o a esconder los reales motivos de preocupación, mientras con la otra mano se avivasen temores ante situaciones improbables. Por ese camino no solo aumentará nuestra desconfianza hacia los demás, sino que seremos cada vez más inseguros y por eso más vulnerables a la manipulación.

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