La Rioja

Macron el protector

Como era de esperar, el nuevo presidente de Francia ha sido la estrella del Consejo Europeo celebrado esta semana. La canciller alemana ha alabado su creatividad y empuje y una gran parte de los dirigentes europeos le han hecho saber que aguardan sus propuestas e ideas. Es sin duda un líder europeo con algo de providencial: por fin las voces de los moderados están representadas, tantas veces ahogadas por el ruido de los extremos ideológicos. Emmanuel Macron ha conseguido llegar al Elíseo en un tiempo récord y sin representar a ningún partido tradicional. Además, su nueva formación ha ganado con una amplia mayoría las elecciones legislativas. Tiene grandes retos ante sí para desempeñar con éxito una misión que cabe calificar de histórica.

El primero y más evidente es ser capaz de desplegar una agenda de reformas económicas, en Francia y en el conjunto de la Unión Europea. Su país es un ejemplo de profundo desarrollo del Estado de Bienestar pero también una sociedad que se resiste al cambio, fragmentada en grupos que reclaman privilegios y derechos inmutables. Muchos franceses viven en una situación de descontento y no pocas veces de miedo, ante la crisis migratoria, los desafíos de la globalización económica y las amenazas a la seguridad.

En el plano europeo, el gobierno de la moneda común está todavía en construcción y a día de hoy no aguantaría otra crisis financiera como la ocurrida en 2008. El presidente francés aboga por un presupuesto común, un ministerio de finanzas europeo y una unión fiscal que supere la visión alemana volcada en la disciplina de las cuentas públicas nacionales. También por una reforma de las instituciones europeas para añadir legitimidad social al proyecto, la Unión Política que siempre se sitúa al final del arcoíris.

El siguiente reto para Macron es no acentuar demasiado la idea de 'protección' que enarbola para resumir sus propuestas. Parece acertado que la UE adopte una actitud más activa a la hora de defender sus intereses comerciales y económicos ante gigantes como China. Pero a los europeos no nos conviene replegarnos en nuestras fronteras, sino influir en las reglas del juego del mercado global para hacerlas más justas y equitativas. Si el líder francés llega a frustrarse por la dificultad de sacar adelante sus reformas y se conforma con un discurso proteccionista, caerá en la irrelevancia y estaremos ante un Hollande, segunda parte, lo que volverá a dar fuerza a Le Pen.

El tercer reto de Macron no es menor: gestionar la idolatría que despierta su figura y las altísimas expectativas que hay sobre su entrada en el escenario global. A Barack Obama le ocurrió algo parecido en 2009. Durante su doble mandato, le costó bajar del pedestal, ser menos icono y más un negociador paciente sentado a la mesa con los demás, capaz de autocorrección y control del ego.

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