La Rioja

Secuelas de un terremoto político

Los resultados de las elecciones generales de Reino Unido han dejado a los partidos y al sistema político patas arriba. Es evidente que el rechazo electoral del Gobierno tory y a la primera ministra británica, Theresa May, tiene muchas causas, pero ¿cuáles serán las consecuencias? Los resultados han cogido a casi todos por sorpresa y los políticos británicos tendrán que acostumbrarse en concreto a tres exigencias nuevas.

El primer y más importante efecto será sobre las negociaciones del 'brexit'. El pasado mes de abril, la primera ministra May convocó las elecciones por una sola razón: reforzar su posición antes de comenzar las negociaciones sobre la salida de su país de la Unión Europea. Las conversaciones deben iniciarse en menos de dos semanas, pero es dudoso que la señora May esté en Downing Street entonces. La primera ministra ha salido herida mortalmente por los resultados del jueves, y será un pato cojo para lo que queda de su mandato. No es posible que Jean-Claude Junker y los otros jefes europeos la tomen en serio porque saben -como ella lo sabe muy bien- que no será el dirigente británico que firme el acuerdo final. Por lo tanto, ya no pueden confiar en su palabra. También está claro que los votantes británicos han rechazado la visión de May sobre un 'brexit' duro. Ahora es mucho más probable que su sucesor se vea obligado a negociar un 'brexit' blando, que mantenga el acceso al mercado único a cambio de la libertad de circulación de los ciudadanos entre Reino Unido y la Unión Europea.

En segundo lugar, los comicios han sido una victoria de los jóvenes sobre los viejos. Si hay un grupo responsable de la convulsión del sistema político británico en estas elecciones son los jóvenes. Como en España, la población de Gran Bretaña está envejeciendo y en los últimos años el Gobierno de Londres ha dado prioridad a proteger el nivel de vida de las personas mayores. De un aumento importante en sus pensiones, hasta ayudas especiales para pagar su calefacción en el invierno, los mayores se han beneficiado de las políticas de May y su predecesor, David Cameron. La razón era sencilla: los viejos votan, y tienen tendencia a apoyar a los conservadores. Mientras tanto, los jóvenes se sentían cada vez más abandonados. Ahora tienen que pagar casi 12.000 euros cada año para asistir a la universidad. En muchas ciudades el precio de la vivienda ha aumentado de forma vertiginosa. En su trabajo, los jóvenes tienen que vivir con la precariedad o con los contratos 'basura'. En resumen, esta es la primera generación desde la Segunda Guerra Mundial que no puede esperar un nivel de vida mejor que sus padres. No es sorprendente que estén enojados. Pero ahora, como la generación de Podemos en España, ellos mismos se han movilizado. Como nunca antes, los jóvenes acudieron a las urnas diciendo a sus padres: «¡Basta ya!». Las cifras hablan por sí mismas y la división generacional es evidente. Un 65% de los votantes con menos de 30 años apoyó al Partido Laborista. A cambio, alrededor del 65% de los votantes con más de 60 años respaldaron a los conservadores. Irónicamente, como Bernie Sanders en Estados Unidos, los jóvenes británicos son leales a un viejo político como Jeremy Corbyn con sus 67 años. El veterano socialista ha dado a los jóvenes la esperanza y, a cambio, estos le dieron su voto. Una de las cuestiones pendientes de estas elecciones -como en España- es el ¿ahora qué? Corbyn no ganó los comicios, pero los jóvenes han levantado su voz fuerte y clara. ¿Les escuchará el Gobierno?

Finalmente, un aspecto notable de las elecciones ha sido el fracaso de los terroristas yihadistas en incidir en el resultado. Se podría haber esperado -ciertamente lo esperaban los terroristas- que los ataques en Londres y Mánchester en los días antes de las votaciones hubieran tenido algunos efectos importantes. Se pensaba que el miedo generado por el terrorismo podría llevar a los votantes a buscar medidas más autoritarias y un Gobierno aparentemente más duro con el terrorismo. La señora May sintonizó su respuesta con esta posibilidad, e hizo un compromiso para abandonar en parte la Ley de Derechos Humanos que, según ella, ofrecía cobertura a personas sospechosas de delitos terroristas. Sin embargo, hubo una reacción popular en contra del planteamiento de la primera ministra. Muchas personas opinaban que la codificación de los derechos humanos es una piedra angular imprescindible de una sociedad civilizada. Estuvieron de acuerdo con la Policía, que criticó a May por su récord de recortes a los servicios de inteligencia cuando era ministra del Interior. Los votantes quieren más recursos dedicados a la seguridad de los ciudadanos, no menos derechos humanos. Y, por lo tanto, quieren acabar ya con las políticas de austeridad que han marcado los últimos siete años.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate