La Rioja

ERA DE JUSTICIA

Gracias al Tribunal Constitucional. Millones de gracias. Las de los contribuyentes que tuvimos que pechar en el 2012 con una ofensiva amnistía fiscal -de magros resultados- para las grades fortunas y empresas, mientras a la clase media -ese desdichado colectivo que integramos profesionales, autónomos y asalariados- don Cristóbal le metía una dentellada en el cuello para succionar toda la sangre impositiva posible.

Un incremento de los impuestos con el que el PP contraprogramó a la desesperada uno de sus principales compromisos electorales y que hace una semana, en Logroño, un lenguaraz miembro del equipo ministerial tachó de «subidilla» en un acto del partido. Y tan pancho. Por cierto, que al temerario alto cargo de Presupuestos y Gastos nadie le advirtió de la urticaria que brota en la piel de esta tierra con sólo oír la palabra infraestructuras... y lo que salió por esa boquita de piñón. A dónde va un kilómetro de autovía si lo importante es la estabilidad presupuestaria. Algunos invitados abandonaron el Círculo Logroñés con pústulas infectadas.

En fin. Volviendo a la canallada de la condonación de Hacienda a los evasores fiscales, muchos de ellos implicados en causas de corrupción y de saqueo de las arcas públicas. El Constitucional ha sentenciado lo que resulta obvio y de justicia para los españoles que cumplimos religiosamente con nuestra obligación de concurrir al sostenimiento de los gastos públicos: vía amnistía no se puede legitimar la conducta de quienes de forma insolidaria incumplen su deber de tributar con arreglo a su capacidad económica. Reducir el fraude fiscal y la economía sumergida es imprescindible en España, pero de ningún modo puede estar basado en pactar con delincuentes.

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