La Rioja

Actuar a tiempo

El ministro de Economía, Luis de Guindos, compareció ayer en el Congreso de los Diputados para dar cuenta de lo sucedido con el Banco Popular. Su relato fue que una entidad que recabó la ayuda del BCE mientras sus depósitos huían hacia otra parte condenándola a la insolvencia debía ser 'intervenida' por el MUR europeo para salvaguardar los intereses de los depositantes -un millón de familias-, evitando un concurso de acreedores que los relegara a la cola de las reclamaciones. Lo que no resulta plausible es que el ministro De Guindos califique la respuesta institucional a la caída sin freno del Popular como una acción «rápida y eficaz». No fue precisamente rápida, puesto que tanto las autoridades concernidas como los principales protagonistas del mercado financiero esperaron a que pudiera activarse el nuevo mecanismo europeo. Probablemente porque los últimos gestores de la entidad no lo pusieron más fácil. Pero también porque la salida final se presentaba como la menos comprometida al detener a ras de suelo una caída que, de esa manera, parecía imposible de evitar antes. Que la solución ofrecida haya resultado eficaz se encuentra a prueba de los efectos que induzca en la acción institucional de regulación y vigilancia sobre el sistema financiero. Es posible y, claro está, deseable que la compra del Banco Popular por el Santander al precio de un euro contribuya a restablecer la solvencia imputable a la entidad adquirida. Pero lo ocurrido emplaza a las instituciones -al Gobierno, al FROB, al Banco de España, al BCE y al MUR- a mostrarse más diligentes para evitar que las eventuales dificultades bancarias vayan a más. No es casual que la CNMV optara ayer por prohibir la mayoría de las eventuales operaciones a la baja sobre las acciones de Liberbank. Tampoco que esta entidad remontara a continuación, y en un sola jornada, la estrepitosa caída que había experimentado durante días. Lo que, salvando las distancias entre uno y otro caso, demuestra que las instituciones responsables pueden reaccionar con mayor rapidez de lo que lo hicieron con el Banco Popular, y en esa medida mostrarse más eficaces en la supervisión del mercado financiero en su conjunto. Porque no tiene ningún sentido que basculen entre la máxima laxitud, en nombre del libre mercado y la globalización, y la intervención 'in extremis'.

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