La Rioja

VENTANA A LA CALLE

Y la nave va: El Trevi

Como ya sois mayorcitos, queridas y queridos sobrinos nietos, y estáis pasando o acabáis de pasar por el agridulce trago de eso que llaman EBAU, antes selectividad, mucho antes COU, y PREU allá en aquel siglo XX que se fue y en el que me tocó hincar los codos durante una buena temporada, hoy vamos a viajar con vuestra fogosa imaginación a principios de los años 60 para que os hagáis una remota idea de lo que era examinarse en aquel mondongo franquista de continuo examinado y vigilado. Comenzaré diciéndoos que el bachillerato constaba de seis cursos con dos reválidas, en 4º y 6º, y uno más de regalo para acceder a la Universidad. En Logroño, el bachillerato se estudiaba en el único Instituto existente, el que ahora conocéis como Sagasta, y en los colegios privados, de pago se decía, y todos ellos en manos de la Santa Madre: Maristas, Escolapios, Jesuitas y los Boscos para los chicos y Escolapias, la Enseñanza y Agustinas para ellas. Pero todos ellos se examinaban de las temidas reválidas en el Instituto, donde el aprobado o el cate los daba su profesorado, que tenía fama, por muy cierto, de no pasar ni una. Allí, en los largos pasillos que circundaban sus patios, se habilitaban con pupitres individuales las aulas de examen. Y allí, adecuadamente relimpios, repeinados, con los zapatos lustrosos, confesados y comulgados, nuestros 13 o 14 añitos demostraban, o no, los saberes adquiridos durante el 4º curso en Matemáticas, Ciencias Naturales (Botánica, Mineralogía, Zoología, Geología, etc.) y Física y Química (grupo de Ciencias); Historia de España, Geografía, Lengua y Literatura, Lengua Francesa y Latín (grupo de Letras); Religión, Gimnasia, Formación del Espíritu Nacional (aquellos Principios Fundamentales del glorioso Movimiento) y Dibujo Artístico (grupo Marías) para revalidar los exámenes que en tales asignaturas ya habíamos cumplimentado en nuestros centros. Había que sacar un 5 de media sobre 10 para aprobar cada grupo. Y aprobar dos grupos para pasar de curso. El grupo suspendido quedaba pendiente de nuevo examen para el curso siguiente. La reválida de 6º curso era durita, pues aumentaba el número de asignaturas y sus contenidos se ampliaban notablemente en Lengua y Literatura Francesa, Historia del Arte, Historia Universal, Griego clásico, Historia de la Filosofía, etc. Llegadas estas fechas la Glorieta era un pandemonio de estudiantes, aunque las chicas se examinaran con las chicas y los chicos con los chicos y en días castamente separados. Por allí siempre acudía El Trevi, un hombre alto y enjuto, siempre con una gabardina ornada con lamparones y un hatillo de libros en la mano, dientes mellados y ojillos sonrientes. Hijo de una notabilísima familia logroñesa, se decía que había sido un ingeniero inteligentísimo al que se le había ido la cabeza. Pero era el caso que todos íbamos a consultarle tras el examen de lo que fuera: lo mismo daba, El Trevi sabía de todo. Lo rodeábamos mientras permanecía sentado en un banco a las puertas del Insti. Alguien le daba la papela con el ejercicio de latín, de mates, francés, química o filosofía. A ver, cara huevo -decía apuntando a alguien con su índice-, ¿y tú qué has puesto aquí? Y tras los titubeos correspondientes, dependía de las veces que te llamara ceporro o cabeza hueca, se sabía de antemano si habías pringado el verano, o el becqueriano amor, las verbenas y las barcas de El Pasti, allá en el Ebro, te esperaban gozosas durante casi tres meses. Tuve la suerte de hacer buenas migas con él. Visité, como otros muchos, su buhardilla en Avenida de Portugal, cerca del chalé de sus ancestros, un zaquizamí repleto de aparatos extraños, periódicos empaquetados, radios y maquinarias de su invención. Nos hizo una manzanilla, o una tila, mientras nos declamaba a grandes voces fragmentos de La Ilíada en griego de Pericles. El Trevi, todo un personaje de los que ya no se encuentran, algún día os contaré algo más de su historia. Y ahora que ya se han pasado las fiestas bernabeas, a empollar, mamoncetes y mamoncillas. Aunque para lo que os va a servir.

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