La Rioja

Mujeres trabajadoras

La noticia de que la comisión parlamentaria del Pacto de Toledo se aproxima al consenso sobre la permanencia de las pensiones de viudedad en el sistema de la Seguridad Social, sin que sean transferidas como una partida más de las cuentas generales del Estado, supone un alivio para miles y miles de mujeres que durante décadas tuvieron que limitarse a trabajar en el hogar y en el cuidado de los suyos o a compatibilizar tales menesteres con su contratación laboral. Lo que se dilucida en el fondo es la justa restitución de derechos que, más allá de los criterios ligados a las cotizaciones pasadas y a la viabilidad futura del sistema de pensiones, demanda la condición secundaria cuando no de explotación que han padecido tantas mujeres durante toda su vida adulta. Que la percepción efectiva de sus pensiones continúe a cargo de la Seguridad Social o que derivase hacia otros capítulos de los Presupuestos Generales sería una cuestión casi técnica si esta segunda opción no supusiera la puesta en cuestión de su condición de trabajadoras y no reflejase un desdén público hacia personas que ese modo seguirían padeciendo los efectos de la postración.

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