La Rioja

CARAS, CARETAS Y CAROTAS

Érase una vez en Logroño

Aprovechando que hoy es San Bernabé, quiero contarles algo que me sucedió hace algo más de sesenta años. Nada de importancia, no vayan a creerse, una bobada. me quemaron el brazo izquierdo a la altura del codo. Miren, verán, les cuento. ocurrió que, tal día como hoy del año 1956, mi abuelo Amaranto le dijo a mi madre que me arreglase, porque quería llevarme. pero no, así no. casi es mejor que empiece a contarles esto desde el principio. Creo que hay cosillas interesantes.

Primera cosilla interesante: Cuatrocientos cuarenta y cuatro años antes de ese 1956 en el que a mí me quemaron el brazo, a nuestro rey Fernando 'El Católico' se le quemaron los nervios y decidió invadir y conquistar Navarra. Y dicho y hecho. Los navarros pasaron a ser castellanos de derecho. de hecho fue otro cantar.

Segunda: Tres años más tarde (1519) el emperador Maximiliano I de Augsburgo, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, no pudo evitar morirse. Alguien tenía que heredar el imperio. Ese alguien fue su nieto Carlos (sí, nuestro Carlos I) que gracias a su parentesco y al oro de los aztecas dejó a Francisco I de Francia (que era otro de los candidatos al trono imperial), tirado en la cuneta.

Tercera: En resumen que, como nuestro rey Carlos andaba con todos estos líos del Imperio más tiempo fuera que dentro de España, en aquella Castilla gobernada por extranjeros comenzó a reinar el descontento. Descontento que desembocó en la insurrección de los comuneros que en 1520, diciendo algo parecido a «El imperio nos roba», se levantaron en armas y a los que, finalmente, el 23 de abril de 1521, en los campos de Villalar, las tropas castellanistas les dieron más golpes que al tambor de la legión. Pero, ¡mucho ojito con esta fecha!, se la repito: era el 23 de abril de 1521.

Cuarto: ¡Y así estaba aquello! Los navarros castellanizados cabreados, Francisco I de Francia eliminado de la línea sucesoria y los comuneros cabreados. Vamos, todos cabreados. Poco más o menos como hoy. Y fue entonces cuando Francisco I, el rey de Francia, tuvo una idea genial. Alegando que él lo que quería era ayudar a los navarros a recuperar su reino decidió invadirnos, unirse a los comuneros e iniciar la conquista de España. ¡Listo el francés! Todo encajaba. No había tiempo que perder. el 22 de abril de 1521 Francia nos declaró la guerra.

Quinta: Y ahora vuelvo a lo anterior. ¿se acuerdan de la fecha de la derrota de Villalar? Efectivamente. fue el 23 de abril de 1521. Un día después de la declaración francesa de guerra. y es que el bueno de Francisco I sabía que los Comuneros querían guerra, pero lo que no sabía es que ya la habían perdido.

Sexta: Fue el 16 de mayo de 1521 cuando treinta mil hombres, a la sombra de la flor de lis y mandados por Andrés de Foix, señor de Asparrós, llegaron a San Juan de Pie de Puerto de donde su alcaide y capitán Pedro Vélez de Guevara, viendo la que se le venía encima, había salido a tambor batiente para refugiarse en la ciudad de Logroño. Y como nos vino tan bien que viniese, pues con los siglos se le puso a una calle su nombre.

Séptima: Total que el ejército francés atravesó Roncesvalles. En un par de días entró en Pamplona y, como el que no quiere la cosa, en menos de una semana se plantó en Los Arcos. En Logroño -según el censo publicado a fines del siglo XVI- ocho mil cuatrocientos logroñeses, uno arriba, uno abajo, lo esperaban.

Octava: Y bueno, ya más o menos saben lo que pasó. Los logroñeses aguantaron, y aguantaron, y aguantaron el asalto de las tropas francesas que, con objeto de imposibilitar la entrada de alimentos, construyeron un foso a todo lo largo de la ciudad, pero claro, a todo lo largo de la ciudad menos a lo largo de la orilla del Ebro, sitio éste por el que todos los días nuestros logroñeses se abastecían de los peces con los que reforzar sus bastimentos.

Novena: El día 9 de junio se celebró, en Santiago el Real, un Consejo de Guerra extraordinario. Antes de terminar el consejo llegó un correo del duque de Nájera: «Resistid cuanto podáis; salgo de Burgos con 15.000 hombres, para estar en esa el día 11; detrás de mí siguen también los gobernadores de Castilla, con las tropas restantes reunidas tras lo de Villalar». El día 11 de junio, día de San Bernabé, a la vez que la vanguardia del duque de Nájera entraba con 4.000 hombres por la Puerta del Camino, las tropas francesas salían de estampida hacia Pamplona. El sitio se había terminado. El día 12 entraron en Logroño los gobernadores de Castilla y a su frente, como capitán General de las tropas, el conde de Haro.

Décima: Y esa fue la gran gloria de los logroñeses, lograr que la guerra declarada a España por Francisco I acabara antes de empezar. Su resistencia en el asedio posibilitó que, tras lo de Villalar, pudieran reagruparse las tropas castellanistas. Sin esos días facilitados por la resistencia logroñesa, no duden que la historia de España habría transcurrido por otros vericuetos. Y en recuerdo de todo esto, hacia 1920, un grupo de logroñeses formó una cofradía que se llamó La Cofradía del Pez y que con el paso de los años instituyó la costumbre de repartir a todos los logroñeses y en el día de San Bernabé, peces, pan y vino en recuerdo de aquella gesta. Y entre esos fundadores estaba mi abuelo Amaranto, aquel que en 1956 me llevó de la mano a una bajera que había en la Calle Mayor, donde, en unas sartenes enormes, los cofrades freían los peces que durante unos días había estado pescando 'Juanito el Manco'. Y fue al echar don José Eizaga, el padre de 'Cholo', un puñado de ellos a la sartén, cuando saltó el aceite hirviendo con tan mala fortuna que me quemó el brazo izquierdo a la altura del codo. Cosa esta que es precisamente la que yo quería contarles. ¡Viva San Bernabé!, ¡Viva Logroño!, hasta el domingo que viene, si Dios quiere, y ya saben, no tengan miedo.

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