La Rioja

MIRA POR DÓNDE

NI PLUMÍN NI TINTERO

Los periodistas -al menos yo- somos tipos vanidosos que necesitamos que jaleen nuestro trabajo como si el hecho de juntar verbos con predicados tuviese más mérito que no olvidar que nunca se ha poner la coma entre los primeros y los segundos. En mi caso, a veces la coloco porque la memoria es más frágil que la sensibilidad y cuando creemos que lo sabemos todo en realidad lo que sucede es que estamos más muertos que ayer, que era exactamente el día en el que estábamos perfectamente convencidos de que lo sabíamos casi todo. Así que seguro ya de mi ignorancia e investido con el supremo descaro para opinar cualquier fruslería, no me queda más remedio que plantarme a los pies de la petulancia para cantar resignado y consciente mi derrota. Me declaro culpable de hablar sin conocimiento, de opinar de todo sin rascar ni bola; de hacerme el listo, el engreído, el de gustos refinados y no les digo el guapo porque la imagen de arriba habla por sí sola de la belleza científica del que esto afirma. Ni tengo plumín ni tintero y me acuso de creer mejor que nadie lo que ha de hacer un cocinero o un torero. La esencia de mi ciencia es la inconsciencia y de lo único que estoy seguro, y por eso presumo, que cuatro consonantes y otras tantas vocales no merecen la pena ser glosadas cuando nacen más del aforismo que de la verdadera ciencia. Recurro a usted, querido lector si acaso ha llegado hasta aquí, para que perdone esta soflama sin la menor gracia del que armado de boli y papel somete a la realidad a su dominio, nula razón y entendimiento. Pena de mí por ser tan lerdo y pensar que un mastuerzo tiene más fragancia que el delicado aroma de un alhelí.

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