La Rioja

Una guerra sin fronteras

Las vidas humanas son lo primero en la lucha contra el terrorismo yihadista. Por supuesto. Nada hay más importante ni más estremecedor que ver cómo el número de víctimas en atentados aumenta continuamente. Esta guerra a traición que no tiene frentes ni reconoce fronteras se vuelve muy difícil de enfrentar, poco menos que imposible pacificar y con una secuela permanente de efectos colaterales perniciosos que están alterando nuestra existencia. Casi sin darnos cuenta, además de enlutar centenares de hogares, el terrorismo altera la convivencia entre las personas, aleja a los pueblos estimulando el odio y la desconfianza, frena la modernidad, perturba las relaciones internacionales, genera miedo, afecta de forma directa e indirecta las economías de los países y hasta está obligando a cambiar la urbanización de las ciudades y los hábitos de sus habitantes.

La amenaza del terrorismo yihadista empieza a obligar a cerrar calles al tráfico, rodear lugares públicos de bloques de cemento, limitar el uso de espacios públicos y alterar la organización de espectáculos y competiciones. El miedo que empieza a exteriorizarse genera situaciones de pánico como la que hace algunos días dejó en Turín centenares de heridos. La radio ofreció estos días testimonios de londinenses que no se atreven a salir al centro.

La democracia en los países libres sufre los efectos colaterales de la amenaza terrorista que pone en evidencia la impotencia de los políticos. Los partidos xenófobos y racistas están proliferando por todas partes. Y en algunos lugares ya ejercen influencia en los gobiernos, municipios e instituciones. Aunque ningún país apoya al Daesh, al menos de manera descubierta, su existencia perturba la normalidad en las relacione internacionales.

El ejemplo más reciente es la ruptura de relaciones de seis países del Golfo con Qatar abriendo un foco de tensión que complica más la situación en la Zona. El país que debería liderar la búsqueda de soluciones tanto de seguridad como diplomáticas, los EEUU, con Trump en la Presidencia se está convirtiendo en un argumento más que sirve a los yihadistas para incentivar el odio a los occidentales.

Hay que reconocer que de momento esta guerra la están ganando los fanáticos. No han conseguido avances territoriales del Daesh ni en su intento por imponernos a los occidentales sus creencias ni su cultura pero sí está ocasionando estragos en nuestra forma de enfocar el futuro como sociedades libres. Por eso se impone evitar caer en la depresión de los vencidos prematuros.

Esta guerra será larga, pero los fanáticos que matan la acabarán perdiendo. Mientras se encuentra cómo vencerlos se impone aprovechar la de la unidad que propicia un enemigo común, el sentimiento colectivo de autodefensa que se está imponiendo y hacerlo con la confianza en que se acabará consiguiendo. La Historia recuerda que los grandes retos la humanidad siempre los ha acabado superando.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate