La Rioja

DENTRO DEL PALACIO

Ala tía Maribel le gusta tener todos sus papeles en orden. Bueno, en realidad, a la tía Maribel lo que le gusta es tener toda su vida en orden. De hecho, por ejemplo, se sigue rigiendo por una estricta disciplina horaria, tan extrema, que continúa levantándose a las seis de la mañana aunque dejó de trabajar hace ya unos años.

El caso es que un día, revisando los documentos oficiales que guarda en unas carpetas azules, no encontró el testamento. No piensa morirse -mayormente por no tener que atender a esa insolente que irrumpe sin ser bienvenida-, pero quiere el papel de marras.

Total, que como hace más de dos décadas que testó y el notario ante el que lo hizo ya no ejerce, llamó al Colegio Oficial donde le indicaron que pidiese sus últimas voluntades en el Palacio de Justicia.

Y allí se fue. A pesar de las indicaciones recibidas en el acceso principal, la tía Maribel se perdió en «aquel laberinto» y terminó en un ascensor con una apurada abogada de Soria que tenía juicio a las doce y andaba tan despistada como ella. Junto a ambas, un matrimonio de algún pueblo cercano a Logroño, con cuyo nombre no se quedó. No sé dónde tengo que ir. Pues nosotros tampoco lo tenemos claro. ¿Y usted señora? Ni idea.

Gracias a una «encantadora» funcionaria, cada explorador llegó a su destino. La tía Maribel al registro. Tiene que abonar esta tasa; cuando lo haga vuelva con el comprobante y le damos una copia del documento. Así lo hizo. Y salió del edificio, pero no por donde había entrado. Dónde narices estoy. Cuando se orientó, fue al banco, pagó y volvió al Palacio. Y otra vez a empezar. Esta vez la suerte estuvo de su lado y un conocido la acompañó evitando otra expedición «mortal» por el alambicado edificio.

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