La Rioja

Madre superiora

Gustave Flaubert ponía tanto empeño en encontrar la palabra exacta que emborronaba con sus idas y venidas cada folio de su obra. Incluso después debía leer todo en voz alta para asegurarse de que cada pieza era la correcta. Marta Ferrusola tenía otro fluir en la escritura. Yo, el día que logre decir más con menos, me quito de esto y zarpo a Bahamas. Compuso a boli y en un papel del banco la música callada y la elocuencia del silencio Federico Mompou, quien un día escuchó una pieza de Gabriel Fauré y decidió que quería ser compositor. El 14 de diciembre de 1995, mientras su marido negociaba una de sus investiduras, logró este memorable pasaje dirigido al director de su banco en Andorra: «Reverend Mosen, soc la mare superiora de la Congregació, desitjaria que traspases dos misals de la meva biblioteca a la biblioteca del capella de la parroquia, ell ja li dirà a on s'ha de colocar. Molt agraida. Marta». Largó de un tirón uno de los mejores pasajes de la prosa catalana, uno de los textos más evocativos de nuestro tiempo.

El de los Pujol siempre fue un convento caro. En esos días, el misal ya cotizaba a millón de pesetas; sería de nácar. Es decir, que en esa familia, la paga se la daban a sus hijos en kilos de pasta, literalmente -en aquellas yo era estudiante y me iba de copas con dos mil pelas-. Hay gente, y no poca, que es muy pía y cotiza tanto la Biblia porque marca con billetes sus pasajes favoritos. Los Pujol eran muy decentes y también muy catalanes. Se quejaba incluso la matriarca de que sus chavales lloraban porque en tal parque no podían hablar catalán con los sucios niños castellanohablantes. También de que ella misma tenía que compartir la cola del mercado con señoras extranjeras. No está claro si extranjeras de Rumanía o de Burgos. Sangre impura, en todo caso.

Mientras desde su casa se construía el ideario base de la independencia catalana que consiste en que el español roba, contamina y chupa del bote de la nación elegida, Marta escribió ese día la propia novela de su vida. Firmó esa carta como 'La madre superiora de la congregación' y esas seis palabras pesan más que seis mil folios de investigación de la Unidad de Delitos Económicos y Fiscales. Fue una firma para ganar el Ramon Llul de novela. Hay gente empeñada en hacer el trabajo a sus biógrafos no autorizados y la vida de Marta era una hacia dentro y otra hacia fuera. La imagino de moza soñando un jardín ordenado y un punto rústico, aroma a jazmines a la anochecida, camisones de hilo y encajes valencienne y dormitorios de papeles estampados en flores. Quería ser ella la imagen del paraíso 'comme il faut', un hogar respetable y honorable -molt-, imagen de una patria nueva y a la vez tradicional y renacida, en la que Jordi y ella serían Adán y Eva, pero mordieron la manzana. En esa casa en el que nunca cabría la indecencia ni lo español, sí entraron en presunta tromba 69 millones de euros escamoteados en cambalaches más o menos gloriosos según diversas investigaciones. No solo fue mujer florero. Al contrario. Recuerdo a bote pronto esa maravillosa gesta de cuando en el 94 le cambió el césped al Camp Nou y durante años el Barcelona prefirió jugar fuera que en casa. Qué mala salió esa hierba.

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