La Rioja

El lobo riojano

D esde hace 30 años, suelen leerse en los medios de comunicación frases como: «Los lobos de La Rioja no son riojanos», «El lobo está siempre en aumento», «El lobo es una alimaña indeseable», etc. Sin embargo, durante estos 30 años se ha demostrado que los lobos riojanos se encuentran en situación precaria y que la especie tiene una función ecológica importantísima que a menudo se desprecia.

La alta montaña de La Rioja en época prehistórica estuvo prácticamente despoblada (como prueba la ausencia de castros celtibéricos) debido a sus malas condiciones para el desarrollo de la agricultura y la ganadería. Al tratarse de un espacio con laderas de gran pendiente y con un clima frío que limita la producción de pastos, es un medio de vocación forestal, recreativa y científica. A partir del siglo XIII (con la fundación de la Mesta), y durante muchos siglos, se desarrolló la trashumancia, sistema de manejo del ganado que consistía en tener las ovejas en la sierra exclusivamente durante el verano (de junio a octubre) y hacerlas pastar durante el resto del año en el cálido sur peninsular. Los rebaños se dividían en hatos de 200 ovejas controlados día y noche por pastores, tenadas y mastines para prevenir posibles daños.

En las últimas décadas, se ha desarrollado un nuevo tipo de manejo del ganado ovino y bovino: la ganadería extensiva. Este método rompe con la tradición ya que ocupa la sierra durante los doce meses del año y se realiza con muchas menos medidas preventivas, un cambio radical respecto a la tradicional trashumancia. Este nuevo manejo recibe importantes ayudas económicas de la PAC (Política Agraria Común, el 38% del presupuesto de la UE) con motivo de su supuesto valor medioambiental y social; si bien, el término «medio ambiente» es tan ambiguo que casi carece de significado y tiene poco que ver con los conceptos de biodiversidad y naturaleza.

La comarca de las Siete Villas (Alto Najerilla) acumula la práctica totalidad de las reclamaciones por daños causados por el lobo en La Rioja. En esta área, el ganado se maneja en extensivo y recibe 1.200.000 euros anuales en subsidios de la PAC. La administración abona restituciones por valor del 3% del total del ganado (unos 26.000 euros anuales). Sin embargo, los ganaderos reclaman que los daños afectan en realidad al 12 %. Hay que tener en cuenta, no obstante, que se abonan daños causados por lobos y perros y sin tener en consideración el efecto previo de enfermedades en el ganado. Además, es bien conocido que los daños debidos al lobo dependen directamente del tipo de manejo del ganado, recibiendo el extensivo muchas más bajas que las registradas en el manejo tradicional.

No existe duda científica de que el lobo limita las poblaciones de sus presas (ciervos, corzos, jabalíes, perros, zorros) de tal modo que ante su ausencia proliferan excesivamente. Los grandes depredadores naturales del Sistema Ibérico son el lobo y el extinto lince (¿boreal?) y su ausencia no solo ha generado una gran población de ciervos que ha causado daños a la vegetación y ha terminado en una epidemia de sarna, sino que también han aumentado los accidentes de tráfico con animales: en La Rioja corzo, jabalí y perro; en Burgos, corzo; y en Soria, ciervo. El caso de Soria (donde el lobo ha sido casi erradicado) es especialmente grave. La administración pretende regular la población de ungulados mediante batidas de caza, pero la caza no puede sustituir a la depredación natural porque esta no se centra en la captura de animales debilitados o enfermos.

Un estudio ha señalado recientemente que el control (caza) del lobo no disminuye los daños: de hecho, los aumenta. Las Siete Villas es el área donde se ha matado un mayor número de los lobos, de tal manera que parece ser la principal área de atracción y sumidero (eliminación) de ejemplares en todo el Sistema Ibérico. En esta zona perviven los últimos lobos riojanos, mientras que en el Sistema Ibérico los grupos de lobos han sido habitualmente masacrados (armas de fuego, veneno) tan pronto como son descubiertos. Seguro que algún lector recuerda el grupo de Los Cameros en los años 60, las Siete Villas en los años 80 (cuando se tomaron «la justicia por su mano», según propias palabras), o los casos más recientes de Alcarama y Moncayo.

La administración regional afirma la existencia de tres manadas de lobos, lo que es una gran y grave sobreestimación de la población al no tener en cuenta la movilidad de esta especie y usar inadecuadamente el término «manada». Probablemente en La Rioja no hay tres grupos familiares de lobos reproductores desde hace más de un siglo. El reciente libro Fauna Amenazada de La Rioja (Gobierno de La Rioja) apenas menciona al lobo, a pesar de estar amenazados no sólo los contados individuos riojanos sino toda la población española (endogamia, etc).

Los subsidios de la PAC deben repartirse entre otros colectivos sociales del sector ambiental porque resulta injusto entregar tal presupuesto únicamente a propietarios de ganado (frecuentemente con diversas profesiones) cuando otros colectivos sociales del sector ambiental perviven sumidos en la pobreza y sufren la exclusión social: los biólogos, por ejemplo, condenados el incumplimiento de leyes ambientales como la Directiva 92/43/CEE a pesar de la crisis ecológica en que vivimos.

Todo lo expresado concluye que la adecuada gestión del lobo ha de pasar por controlar en primera instancia el manejo del ganado, no al lobo como se hace habitualmente. Solo así conseguiremos reducir los daños y devolveremos al lobo su verdadero papel en la naturaleza.

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