La Rioja

La política entre 'agonismo' y antagonismo,

En España, la filósofa política Chantal Mouffe es más conocida como una de las fuentes de inspiración intelectuales de Podemos, junto a otros autores como Ernesto Laclau. Desde hace tiempo, esta autora ha sostenido que la izquierda debería abrazar el populismo. Esta, argumenta, sería la única vía para superar el auge del populismo de derechas, inyectando cierta dosis de 'agonismo' en nuestras democracias para contener la desafección política resultado del consenso económico neoliberal. Aunque bien conocido en el mundo académico, su trabajo sobre «agonismo y democracia agonística» lo es menos para el público general. Su idea de «democracia agonística» es objeto de discusión hoy, miércoles 26 de abril, en el marco del Seminario Textos Críticos Jurídicos y Políticos: La Política del Derecho en el Departamento de Derecho en la Universidad de la Rioja.

Para Mouffe, no hay sociedad sin conflicto -y ello es algo bueno-. El concepto de 'agonismo' proviene del griego 'agon', que significa lucha, y Mouffe argumenta que no hay suficiente 'agonismo' en la política actual. Así, considera que el problema en las democracias occidentales contemporáneas es la ausencia de diferencias significativas entre conservadores, liberales y socialdemócratas. Para la autora, la política se ha convertido en una cuestión de tecnocracia, como consecuencia de lo que llama «el consenso de centro»: los grandes partidos de centro, y los situados a la izquierda y derecha del centro, están de acuerdo en la ausencia de alternativas a la economía neoliberal. Como mucho, discrepan en cuestiones como la cuantía de las pensiones o similares. El resultado es la apatía entre los votantes: puesto que no existe una alternativa real, el voto no es ya importante. Y como consecuencia de ello, se produce un abismo creciente entre las élites políticas y gran parte de la población.

La clave en la idea de 'democracia agonística' no es sólo la insistencia en que siempre hay conflicto: también es que ello es algo bueno. La tarea sería pues, inyectar cierto 'agonismo' -conflicto, lucha- en la política. Puesto que es el conflicto lo que revitaliza la democracia.

Sin embargo, no todo conflicto es bueno: Mouffe distingue entre 'agonismo' y antagonismo. El 'agonismo' supone un conflicto entre adversarios que comparten determinados valores (igualdad y libertad para todos), y difieren en cómo interpretar lo que aquéllos significan. Mouffe llama a esto «conflicto consensual». El antagonismo es una relación entre enemigos que no respetan el derecho del otro a existir: enemigos que, básicamente, desean eliminarse entre ellos. La tesis de Mouffe es que siempre habrá cierta dosis de antagonismo en cualquier sociedad -no existe sociedad sin exclusión o violencia-. Sin embargo, la 'democracia agonística' es un modo de transformar el antagonismo en 'agonismo'. Una vía para institucionalizar el conflicto y 'tamizarlo' de alguna manera, utilizándolo para revitalizar la democracia.

¿Cómo se relaciona esto con Podemos y el populismo de izquierdas? Para Mouffe, el populismo de izquierda -Podemos en España o Mélenchon en Francia- es un modo de introducir 'agonismo' en el sistema político. La socialdemocracia -también el PSOE y el Partido Socialista francés- se ha desplazado al centro y convertido en parte del consenso neoliberal. Ello dejaría a los votantes sin ninguna alternativa real y el resultado ha sido el incremento de la desafección política. La formulación de un populismo de izquierdas es un modo de enfrentar esto e introducir de nuevo el conflicto -'agonismo'- en la política. Y, sigue la autora, si la izquierda no lo hace, lo hará la derecha. Esto es lo que habría sucedido con el auge del populismo de derechas durante las últimas décadas, por ejemplo, en Francia con Le Pen. Para enfrentar esto, no es suficiente la política tecnocrática: es necesaria una alternativa real.

Recordemos cómo Podemos comenzó postulando una división en dos de la sociedad española: el pueblo y 'la casta', atribuyéndose la representación de un 'nosotros' (el pueblo) y 'ellos' (la casta). Esta división antagonística era central en el discurso de Podemos durante el primer año, pero gradualmente su discurso ha derivado hacia el agonismo. Ya no se trata de deshacerse de toda la élite política, sino de hacer cambios concretos -en materia de sanidad pública, vivienda, etc-. El PSOE se ha convertido más en un adversario que batir críticamente que un enemigo antagonista que aniquilar. Actualmente, tras Vistalegre II, las cosas podrían estar cambiando de nuevo, con el péndulo retornando hacia un discurso antagonista. En cualquier caso, le gusten a uno sus políticas o no, es innegable que Podemos ha inyectado cierta dosis de conflicto en la política española -sea antagonismo o 'agonismo'-.

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