La Rioja

Urge la solución

El macabro peaje con el que la carretera N-232 pasa factura a su sobresaturación y al abandono y desinterés para con ella de las administraciones central y autonómica contabilizó ayer dos nuevas víctimas. Esta vez fueron dos camioneros cuya muerte elevó a siete el funesto e indigerible cómputo de los cuatro primeros meses del año en los poco más de 140 kilómetros que recorren como un espinazo la ribera del Ebro de este a oeste de la región. Siete vidas derramadas en el asfalto, cerca de dos centenares de fallecidos en lo que llevamos de siglo, son otras tantas tragedias con nombre y apellido que se antojan argumento más que de peso para avalar la exigencia incondicional de una solución para una cuestión lacerante que afecta a la más importante infraestructura pública que vertebra esta comunidad. La generosa -y entonces aplaudida desde el Ejecutivo regional- prórroga de la concesión de la autopista AP-68 que hace 17 años firmó el ministro Arias Salgado a cambio de una coyuntural bajada del precio de los peajes impidió que su liberalización atendiera pocos años más tarde (en el 2011) el más que previsible incremento del tráfico en una ya muy utilizada N-232. Tal prórroga, además de un problema de mayor cuantía, generó una deuda siquiera moral con los ciudadanos de La Rioja. Un débito que ninguno de los sucesivos presidentes de Gobierno -José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy- ni de los ministros del ramo -Francisco Álvarez Cascos, Magdalena Álvarez, José Blanco, Ana Pastor e Íñigo de la Serna- han acertado a afrontar con la resolución debida de quien debería saberse obligado. Todo lo más, los riojanos han sido testigos de un rosario de promesas hueras y de una sucesión de incumplimientos que justifican de largo su enojo en esta materia. Semejantes antecedentes y un dilatado calendario jalonado de muertos han superado el límite de lo tolerable y solo puede desembocar en la exigencia de respuestas ciertas, de una solución que en el medio plazo pasa únicamente por la libre circulación en la AP-68 como única alternativa al pretendido, y hoy imposible, desdoblamiento de la N-232. El ministro De la Serna debe cambiar el «inabordable» con el que adjetivó tal posibilidad durante su última visita a La Rioja por un «inobjetable». Y el Gobierno regional, que calló incomprensiblemente entonces, debe ser quien le traslade, mejor hoy que mañana, tal demanda sabiéndose respaldado por todas las fuerzas políticas y por la inmensa mayoría de los riojanos.

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