La Rioja

ETA, derrota por entregas

Sin llegar al esperpento patético de febrero de 2014 -cuando los encapuchados mostraron tres pistolas y cuarto kilo de explosivo y luego se los llevaron-, el teatrillo del pasado fin de semana en Francia certifica que los terroristas que ensangrentaron España hace no muchos años están en una derrota por entregas, en un reclamo desesperado de atención y en mentirse hasta a sí mismos. Ni siquiera han entregado las pistolas que ellos mismos anunciaron, según denuncia la Policía francesa.

Lo ha dicho uno de sus exdirigentes más asesino, hoy arrepentido, Urrusolo Sistiaga: hay movimientos que ganan, Cuba; otros tratan de salvar los muebles con una salida negociada, el IRA; y están los que se quedan en la derrota y la irrelevancia, sin haber conseguido nada, ETA. Lo dice, tarde, como siempre en la banda, tras haber asesinado él mismo a quince personas, tras haberse pasado más de veinte años en la cárcel.

El que un día quiso venderse como Mandela, ¡qué jeta! ¡qué narcisista!, acaba de reconocer por su parte que el desarme se tendría que haber producido antes y que no supieron escuchar el clamor del pueblo, que les pedía que dejaran de asesinar. Es lógico que Arnaldo no lo escuchara, pues el día en que miles de vascos nos manifestábamos en Bilbao para impedir que la banda asesinara a Miguel Ángel Blanco, él estaba en la playa de Zarautz. Siempre tarde.

Si la derrota de ETA se empezó a fraguar con el golpe de la Guardia Civil a la dirección de la banda en 1992, las movilizaciones masivas producidas en España, mientras García Gaztelu tiroteaba por la espalda a Miguel Ángel Blanco, supusieron la derrota de la banda a manos de la sociedad civil. En julio hará veinte años.

Ahora, los mismos que urdieron un plan de exterminio sistemático de los construidos como enemigos, hasta considerar español como ser asesinable, dicen que no conviene humillar a los asesinos, no se vayan a volver a enfadar y la emprendan otra vez a tiros en un par de generaciones. Quizás deberían tener en cuenta, para que eso no vuelva a ocurrir, los testimonios de asesinos que reconocen que matar fue un horror, y no sólo un error, y certifican que después de cuarenta años de terrorismo no han conseguido ni uno solo de los objetivos por los que asesinaron a mansalva.

Entre los saltimbanquis que se hicieron las fotos de Francia, puro selfie onanista, figura un matarife que, después de 17 asesinatos, muestra un cartelito con una mano blanca sobre fondo azul. Un implicado en el exterminio que tampoco quiere que le humillen llamándole asesino y que fue tan cobarde cuando la Guardia Civil desarticuló a su grupo terrorista.

Se mienten a sí mismos porque ni siquiera han entregado las pistolas que ellos mismos habían anunciado.

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