La Rioja

EDITORIALES

Inversiones para Cataluña

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha anunciado un conjunto de inversiones públicas en Cataluña en lo que ha de interpretarse como un gesto de apaciguamiento. El jefe del Ejecutivo pidió ayuda a la sociedad civil catalana para que impere «la sensatez», en un momento en que se va a aprobar la desconexión jurídica y cuando el soberanismo se dispone a organizar las movilizaciones que presionarán en pro del imposible referéndum ilegal. Las inversiones públicas en Cataluña -particularmente las de cercanías y del Corredor Mediterráneo- ya figuraban en la planificación, aunque, como otros proyectos, han sido víctimas de los recortes provocados por la crisis. El anuncio de Rajoy puede además generar melancolía e incluso enfado justificado en otras regiones menos belicosas con el Estado, como La Rioja, que objetivamente soportan un mayor retraso en infraestructuras ferroviarias. En cualquier caso, el apaciguamiento político y económico quizá sirva para tranquilizar a la sociedad catalana, pero no debe esperarse que haga mella en los independentistas más conspicuos. El conflicto catalán consiste, fundamentalmente, en una extendida desafección social ante unas instituciones españolas poco atentas, que además han cometido errores en la gestión de la cuestión catalana. Y la recuperación de la normalidad no debería fiarse sólo a unas políticas de gestos sino que habría de intentarse a través de unas reflexiones y unas reformas de fondo. Primeramente, es necesario reformar el sistema de financiación mediante un nuevo consenso que satisfaga a las comunidades que se consideran con razón postergadas. Y, en segundo lugar, habría que abrir una reflexión multilateral y sincera sobre el propio Estado de las Autonomías, porque quizá fuese saludable repensar el modelo, sin descartar a priori modelos con cierta racionalidad federal, y establecer nuevos equilibrios competenciales que colmaran aspiraciones legítimas cuya satisfacción fortalecería la articulación del Estado español. Es difícil que aquel apaciguamiento dé resultados a largo plazo sin esta reflexión profunda y creativa que conduzca a un reforzamiento del consenso fundacional.

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