La Rioja

La inflación vuelve, pero no nos alarmemos

En las últimas semanas estamos asistiendo a nivel mundial a un fenómeno que parecía olvidado: la subida de la inflación. Nuestro país es un ejemplo. Si hace sólo un año hablábamos de inflación negativa, ahora nos encontramos con que los precios han subido en enero y febrero un 3%. La clave ahora es si estamos ante un fenómeno temporal o, por el contrario, ante algo permanente que obligue a replantear, al menos en Europa, todas las políticas económicas mantenidas desde el inicio de la crisis financiera. En especial, las extraordinarias facilidades de financiación que ha realizado el Banco Central Europeo en los últimos años, como los bajísimos tipos de interés o las compras de activos de deuda.

Lo primero, por tanto, es saber por qué sube la inflación. Y la respuesta es sencilla. La inflación general, la que incluye todos los bienes y servicios de nuestra cesta de la compra, sube porque si comparamos con lo que ocurría hace un año, los precios del petróleo están mucho más caros. Esto, a priori, no sería un problema para el BCE. Lo que sí lo sería es que la subida de los precios del petróleo y de la mayoría de las materias primas se trasladase al resto de los bienes de la economía. Esto puede estar ocurriendo en EEUU, donde la fortaleza del consumo hace más sencillo trasladar estos mayores costes de producción a los consumidores, y donde la situación de pleno empleo puede incitar a mayores demandas salariales. Pero, al menos de momento, no está ocurriendo en Europa, pese a las buenas cifras de crecimiento. Ni siquiera en España, donde la inflación subyacente se mantiene en el 1,1%.

Estos diferentes riesgos inflacionistas se trasladan a los mercados financieros. En EEUU, se da por seguro que la Fed subirá los tipos este año probablemente en dos ocasiones más, y aún más en 2018, cuando se espera que la economía acelere aún más su crecimiento. Mientras, el BCE ya nos dijo en diciembre que mantendrá su política de compra de deuda durante todo el año 2017, y si miramos lo que descuentan los mercados, no se ve en el horizonte una subida de tipos hasta dentro de al menos dos años. Como resultado, la rentabilidad de los bonos americanos ha subido con fuerza en los últimos tres meses, mientras que la de los bonos europeos, aunque sube también, lo hace de forma mucho más moderada. De cara al futuro, parece razonable pensar que los tipos seguirán subiendo, lo que no es una buena noticia para los inversores, sobre todo teniendo en cuenta que los bonos se han convertido en el principal destino de sus ahorros, ante la ausencia de opciones en depósitos

Los miedos inflacionistas se trasladan también a la economía real, algo que no es una buena noticia para ningún país, y especialmente para España. No hay que olvidar que, pese al alto crecimiento económico, sigue existiendo una gran necesidad de mejorar la productividad. Una subida de los salarios como consecuencia de una subida temporal de la inflación minaría las mejoras de competitividad que tanto esfuerzo han supuesto en los últimos años. Eso no quiere decir que no se puedan subir determinadas partidas salariales, como el salario mínimo. Pero si esta subida se toma de base para que el resto de los trabajadores exijan fuertes incrementos salariales, el coste para el actual crecimiento económico sería muy elevado.

En resumen, la olvidada inflación ha vuelto. De momento, desde el punto de vista financiero, ha traído consigo una subida de los tipos de interés de los bonos en EEUU y, por contagio, del resto del mundo, algo que penaliza a los inversores más conservadores con gran parte de su cartera en activos de deuda. Que sea también un coste en lo económico depende en gran medida del comportamiento de los agentes económicos. En la medida en que sea sólo un fenómeno temporal, sería un error que dicho aumento se trasladase al resto de la economía, especialmente a los salarios, incluso en economías con un crecimiento más alto que la media, como España.

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