La Rioja

EDITORIALES

Suspenso doloroso

Los datos de la UE no permiten ninguna complacencia: La Rioja ocupa un discretísimo puesto en el concierto europeo (el 184 de 263) por culpa de su extrema debilidad en infraestructuras, de la ineficiencia de su mercado laboral y de su escasa capacidad de innovación. Solo el sistema de salud logra una nota sobresaliente (91,1 sobre 100) gracias a la accesibilidad a los tratamientos y a las políticas de prevención, lo que permite mantener una de las esperanzas de vida más altas del mundo (84 años). Una feliz situación que contrasta dolorosamente con el rotundo e inapelable suspenso en materia de infraestructuras (15,43 sobre 100). El aislamiento de La Rioja por tierra y aire perjudica la competitividad de la región y no contribuye a aliviar unas tasas de paro que quizá no parezcan excesivas para los parámetros españoles, pero que resultan inadmisibles a escala europea. Lo cierto es que el informe de la Comisión Europea deja al desnudo carencias que La Rioja arrastra desde hace mucho tiempo y que necesitan una atención urgente. La UE utiliza los colores del semáforo para identificar las fortalezas y debilidades de cada región. En la comunidad autónoma riojana, el piloto rojo se enciende en una panoplia de capítulos demasiado amplia: infraestructuras, educación superior, formación permanente, mercado laboral, preparación tecnológica, sofisticación empresarial e innovación. Más allá del autobombo que dibujan algunas intervenciones políticas, convendría ponerse a trabajar al instante para remediar estas cuestiones vitales para la competitividad. Y no resulta descabellado suponer que sin una actuación decidida en materia de infraestructuras La Rioja seguirá cayendo en el concierto de las regiones europeas y aun de las españolas. El clamor por unas conexiones ferroviarias veloces, por unas carreteras descongestionadas y seguras y por un mayor tráfico aéreo, lejos de ser un capricho, se convierte en la única base sólida sobre la que construir una comunidad autónoma que pueda medirse con los territorios europeos más avanzadas. Bruselas define competitividad como «la capacidad de una región para ofrecer un entorno atractivo y sostenible para que las empresas y los ciudadanos se establezcan y trabajen en ella». Y eso, sin unas infraestructuras eficientes, es casi imposible de conseguir.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate