La Rioja

LOCO POR INCORDIAR

MACHISTA

Soy un hombre (dicho sea sin énfasis). Lo soy por un capricho cromosómico ajeno a mi voluntad. Ni yo elegí mi sexo ni a estas alturas me apetece cambiármelo. Soy además heterosexual, aunque nunca he ejercido demasiado (también por motivos ajenos a mi voluntad), y padre de un mocete, así que represento al heteropatriarcado más rancio. Por si alguno ya tiembla al leer esta introducción, debo aclarar que defiendo la igualdad absoluta de la mujer en todos los terrenos y que pienso que, pese a los indudables avances de la sociedad española, todavía nos queda un trecho largo por recorrer para conseguirlo. Sin embargo, me asusta un poco que la palabra machismo sea utilizada tantas veces para desestimar opiniones sin tomarse el trabajo de analizarlas y rebatirlas.

Me parece absurdo, por ejemplo, andar diciendo españoles y españolas todo el rato, alternando obsesivamente los dos géneros, convirtiendo los textos en un lodazal estilístico imposible de leer; y todavía me parece peor utilizar la arroba como una letra más de nuestro alfabeto (l@s riojan@s pedimos...), sin que nadie sepa cómo pronunciar semejante engendro. Uno no es ni más ni menos machista por utilizar el idioma con corrección y elegancia. Tampoco comparto la doble vara de medir insultos en la que a veces caemos. El otro día me llenó de indignación ver a Mercedes Milá en la televisión (Cuatro) riéndose de un prestigioso bioquímico que le llevaba la contraria con razones científicas, llamándole gordo con insolencia, casi con repugnancia, ante la sonrisilla del presentador, Risto Mejide. Mercedes se fue entre aplausos, pero yo me quede atónito, pensando qué escándalo se hubiese montado (con toda la razón) si el bioquímico fuese una mujer y Mercedes Milá un hombre.