La Rioja

EDITORIALES

La fuerza de la militancia

La institución de las primarias en los partidos políticos ya no tiene vuelta atrás. Las prácticas oligárquicas, la corrupción más o menos solapada, la falta de democracia interna en las organizaciones han obligado a los cuadros dirigentes a transigir con la participación de las bases en la toma de las grandes decisiones, incluso en sistemas políticos profundamente parlamentarios como el nuestro. También el PP, el partido más tradicional y reacio en principio a someterse a tales escrutinios, ha tenido que transigir. Y Fernando Martínez-Maíllo, el nuevo coordinador y número tres del partido, ha ideado un sistema mixto en el ámbito autonómico que, de entrada, ha obligado a las sedes territoriales a abrirse al exterior. Como es sabido, los candidatos a la presidencia regional que presenten un mínimo de avales entrarán en unas primarias entre toda la militancia, y pasarán a la elección en segunda vuelta por los compromisarios del congreso los que superen el 10%. Si alguien obtiene más del 50% y supera en más del 15% a su inmediato seguidor, será proclamado candidato único. Sucede sin embargo que este sistema de votación directa de las bases está poniendo de manifiesto una militancia mucho menos activa y numerosa de lo que se esperaba. En Madrid, sólo 10.888 de los más de 94.500 afiliados contabilizados se han inscrito. Y en Valencia, apenas 8.052 de los más de 148.700 registrados. Estas discrepancias tan notables no sólo se deben, seguramente, al escaso activismo de los militantes del PP sino a que los censos, de los que ni siquiera se borran los fallecidos, están manifiestamente hinchados. Una evidencia que en cambio no ha debido sorprender a los contables del PP, que sí saben cuántos militantes pagan sus cuotas. El PP debe estar lejos, en fin, de los 800.000 militantes de que alardeaba, casi el doble de los que exhibe la CDU alemana, y se situará algo más cerca de los demás partidos españoles: 180.000 militantes declara el PSOE, casi 22.800 Ciudadanos y cerca de 480.700 Podemos. De donde se desprende que la democracia interna no sólo mejora la participación sino que racionaliza el modelo, introduce claridades en las organizaciones y arroja una idea más cabal y completa del papel de los partidos políticos en la formación de la voluntad popular.