La Rioja

Adjetivos al periodismo

Una docena de periodistas de calle pidieron amparo a la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) ante la coacción, presiones, acoso, a que han venido siendo sometidos por intendentes de Podemos. No se han atrevido a dejar que su nombre se publique. Normal. Las reacciones en el mundo de «la gente» han sido variadas en los matices pero coincidentes en el desdén ante un hecho que toca uno de los nervios más sensibles de la democracia. La cúpula ha dicho que no se sienten concernidos y apelan al juzgado de guardia. Los simpatizantes más pablistas conjeturan una nueva campaña de desprestigio desde los poderes fácticos contra sus siglas. Los afines, pero menos militantes, dicen que «estos de la APM se pasan» y los más frívolos desechan la gravedad del caso: «Pobrecitos periodistas. Les amedrentan. si son unos angelitos». Entre los colegas de oficio se ha producido una curiosa solidaridad digamos condicional. Que si en esta profesión existen y han existido muchas presiones y nadie ha levantado la voz. Que si yo contara lo que otros partidos políticos me han llegado a presionar. Que si esto va en el sueldo aunque, por supuesto, rechazo las coacciones. Nada que oponer.

Cada uno es libre de valorar los hechos como quiera. Y nuestro oficio atraviesa un río de aguas tan turbulentas que muchos referentes deontológicos han volado por los aires. Así que los nuevos aspirantes a asaltar el poder están encantados. Porque en la medida en que consigan condicionar, desprestigiar o marginar a los medios que no les aplauden con las orejas habrán apartado un obstáculo en el camino. Ellos han tejido sus propias redes de información y 'agit-prop' para mantener el fuego interno. Pero reconocen que los blogs, los chats, los diarios artesanales, Twitter, no son suficientes para imponer el relato y lograr la hegemonía de sus propuestas políticas como mandaba su gran inspirador Antonio Gramsci.

Hasta el momento han tenido un gran éxito que se puede resumir en la facilidad con que han impuesto la palabra y el concepto 'casta' para designar a la clase política. Pero la última batalla de Vistalegre II ha dejado su propia imagen bastante perjudicada. En este contexto puede entenderse que a los más montaraces vigilantes del relato y la opinión se les haya ido la mano. El problema es que nos quieran dar 'lecciones particulares' de periodismo. Esto no es un juego de facultad. Ahora se han sumado a la tendencia de poner adjetivos al periodismo: ciudadano, público, participativo, democrático. Como si lo que hemos ido construyendo durante estos años de democracia fuera otra cosa. El actual sistema de medios de comunicación en España tendrá muchos defectos pero es el resultado de décadas de profesionalismo y libertad de mercado. Y, sobre todo, vocación de independencia. François Revel dijo una gran verdad: «La ideología es la principal fuente de perturbación de la información».