La Rioja

OJO DE BUEY

Lo malo de lo bueno (y viceversa)

Como si se tratara de un poema dedicado, el Centro Cultural Gloria Fuertes está en Madrid, vale, ¡pero en la Avenida de Logroño!, en el número 179. Se celebra este año el centenario del nacimiento de la poetisa -palabra que ya merecería ser de su cosecha-, en 1917, cercano en fechas a otra revolución, la rusa, y un poco al modo de Gila: «Gloria Fuertes nació en Madrid/ a los dos días de edad»; lo que, dicho así, sirve a la vez de partida de nacimiento y de autoepitafio. Ella, por cierto, le dedicó siempre muchos pensamientos y versos a lo que -denominó- la 'cuestión fúnebre', para concluir, sin patetismo alguno, que siendo lo peor de morirse -aparte del papeleo que genera un 'juicio final'- no el hecho en sí mismo sino, una vez fenecido, el no poder hacer nada, pues que aun con todo y con ello era «más cómodo estar muerto», si bien era «mucho más expuesto». La poesía de Gloria Fuertes era también autobiografía y autoepigrama y autoaforismo y autogreguería y, en fin, una automoribundia, que diría aquél. Además de poesía secreta y de poesía continua y de antipoema, si se quiere. Quien -como yo, y seguro que muchos de ustedes- leyera a Gloria Fuertes en su primera juventud, sentía desbrozado a tiempo y ya para siempre el juego poético y, en general, la posibilidad poética de las cosas prosaicas. Leyeras lo que leyeras por entonces en otros costales de la poesía, Gloria Fuertes constituía un complemento vitamínico más que saludable, suministrándote un bien vitalicio. E inoculaba en ti un humor, una ironía que -sólo con el tiempo, el que nos va atravesando a cada uno- revelaría su verdadero calibre dramático, pues, esta poeta encasillada en la franja infantil, habitaba -refugiada, seguramente- una morada lírica, lúdica y vital que iba, sí, desde Un globo, dos globos, tres globos -globos, por cierto, que dormían y eso también nos valía: abría otras puertas de la imaginación y de la ciencia- hasta poemas como «Mejora la niña que nació con una bala», «Nana al niño que nació muerto» o «Poema para niños adúlteros», en el que advertía que Caperucita no era mejor que el lobo; una zona que iluminaba la sombra de un poso incurable de amargura y de desolación, y del que el juego de palabras tuvo que ser un paliativo; ese 'neorrealismo' -así lo llamó guiñando a lo trágico cinemático- en que «el padre pega al pequeño/ antes de abrazar a su mujer/ para hacerle otro»; esa negrura codornicesca por la que también circulaba un pobre de nacimiento que bastante desgracia tenía con no querer trabajar, o un niño que le pedía a su madre que le lavara la cara para ser torero, o un poeta que tuvo un accidente de trabajo; los asuntos de una generación poética y existencial. Leer a Gloria Fuertes pronto, cuando se está tierno en la literatura y en la óptica, provoca efectos secundarios: empiezas a querer seguirle juego, a escribir líneas parecidas a versos. Gloria Fuertes nos puso a muchos a escribir como locos. Nos dio a entender que la poesía no era fácil, pero sí factible. «Todo el mundo puede escribir versos y no ser poeta; sólo el poeta puede no escribirlos y serlo». La poesía de Gloria Fuertes trataba -lo fuimos sabiendo luego, cuando ya la leías toda de seguido y fuera del horario infantil protegido, los dos tomos de Cátedra, Obras incompletas (1978) e Historia de Gloria (1981)- de la paradoja, del escepticismo profundo, de la ilusión cristiana, de la contradicción interna: «Es lo malo de lo bueno», viene a resumir. Pones en fila algunos de sus primeros versos y efectivamente sale un inventario de ese reverso. Atención: «Ante las mismas putadas (o patadas)», «Jamás estamos nunca», «Almas de Duralex», «Desesperación con escayola», «Tracoma por el alma», «Caliza sola», «Oración para ir tirando», «Tragedia de un corazón tierno cuando lo más deseado le llega tarde», «El sexo no es mucho», «La realidad por mucho que viajemos», «No se puede conocer lo que se ama» o, sencillamente, «Es una mierda». Al cabo de un siglo de su nacimiento, la realidad ya es como la titulaba Gloria Fuertes; ella, que tanto se divertía poniendo títulos a futuros libros -cito: Sólo en el Polo, Pena de pene, Siete de sota, La tía Teta o Nicho en la noche-. Repaso, para certificarlo, titulares de la semana: «Agua del Ártico a 94 euros la botella», «Rotos por fuera», «Frío recorrido por el mapa del desamor», «Los Neandertales tenía sus propias aspirinas», «Desiguales hasta en las pensiones», «Ejercicio hasta en diálisis», «En busca de la juventud que se perdió en lo vinilos», «Un negocio más rentable que el contrabando de armas: las angulas». ¿Y a qué figurón nos tienta endosar este retrato de un presidente que -poema Multinacionales- «sonreía a su gente, sonreía de falso y de repente,/ con sus dientes postizos su alegría postiza,/ su cargo postizo,/ su querida imponente,/ sonreía.»?