La Rioja

CHUCHERÍAS Y QUINCALLA

COMER LENTEJAS

El yayo Tasio había creído ingenuamente durante sus muchos años que la política era una cuestión de ideologías y servicio público. Siempre de consenso y, a veces, hasta de cumplimiento de la palabra dada. El coordinador general del PP, ese tipo de tez aceitunada y mofletes amables al que se le cierran los ojitos cada vez que sonríe, le ha bajado del burro. Para Fernando Martínez Maíllo, un acuerdo entre partidos es, simplemente, gastronomía. Cuando ha llegado el plazo de materializar algunos de los puntos nucleares del pacto que suscribieron con C's al estilo naranja -con cientos de fotógrafos revoloteando alrededor, manos entrelazadas y perfume de estadistas- los populares empiezan a excusarse con requiebros procedimentales e interpretaciones de lo firmado. Ni siquiera el haber solemnizado el pacto y claudicar a aquello que parecía el inicio de una nueva era lejos del rodillo y la opacidad reconduce a Maíllo. ¿Por qué rubricó entonces algo a sabiendas de que presumiblemente no lo acataría? «Eran lentejas», responde el hombre sin perder la simpatía. El documento podría haber sido caviar de regeneración, marisco democrático, transparencia pata negra. Pero no. La urgencia por mantenerse en La Moncloa se quedó en unas vulgares legumbres sazonadas por Rajoy -«no he incumplido nada», eructa- que con los meses se han revenido hasta convertirse en un potaje pastoso y lleno de grumos. A ver cómo C's deglute el engrudo que se le ha quedado pegado en el paladar.

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