La Rioja

Europa en el alero

Se reúnen los líderes de los cuatro grandes países de la Unión Europea, descartado ya del club por voluntad propia el Reino Unido. Los jefes de gobierno de Alemania, Italia y España, más el presidente de la República Francesa, tienen sobre la mesa la papeleta de devolver a la UE el respeto perdido, dentro y fuera de sus fronteras. Si desde el otro lado del canal de la Mancha los británicos no podían dar una señal más clara de desdén, ahora hay al otro lado del Atlántico una nueva administración norteamericana que no sólo ningunea a la Unión, sino que labora descaradamente por estimular la disidencia en su seno y el abandono de cuantos más países miembros mejor. Ante semejantes desafíos, y lejos de mostrar la cohesión que el caso exigiría, la UE da señales de debilidad, y entre sus integrantes menos comprometidos, y aun en amplios sectores del electorado de los países más militantes, cunde un euroescepticismo letal.

La situación es tan precaria que el llamado eje franco-alemán, que desde hace décadas es la columna vertebral de la organización supranacional europea, se revela insuficiente para mantener en pie el edificio, y ha de recabar la participación y el concurso de Italia y España, los dos grandes países mediterráneos. Y esto, que podría ser una buena noticia, en tanto que desplaza el centro de gravedad de la construcción europea hacia ese sur a menudo postergado y hasta ridiculizado por los socios centrales, no invita sin embargo a abrigar el menor optimismo, porque no hay en esa mesa nadie con la capacidad de impulsar la respuesta firme y vigorosa que la coyuntura demanda.

Un presidente francés amortizado; una canciller alemana que ha de someterse dentro de nada a las urnas, en la elección más difícil de su carrera; un primer ministro italiano interino, en tanto se despeja la situación política de su país; y un presidente del gobierno español en minoría parlamentaria. Ese es el nada estimulante y nada esperanzador sanedrín de la Unión, el comité ejecutivo de esta Europa puesta en entredicho y asediada a una sola vez por sus más temibles enemigos. Del cuarteto, la posición más sólida es paradójicamente la de Mariano Rajoy, a quien tantos daban por muerto hace un año. Pero se trata de una solidez engañosa, porque depende de la ineptitud de su oposición, y en cualquier caso sólo le otorga margen de maniobra para resistir y defender su posición en el palacio de la Moncloa.

Habrá que esperar a las elecciones francesas, alemanas e italianas para saber si Europa puede construir el liderazgo que necesita para salir de ésta. En función de lo que en esos países digan las urnas, el ambicioso proyecto de Schuman y Monnet saldrá adelante o se deshará, triste y fatídicamente, en un vulgar espacio de libre circulación de mercancías.

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